Washington D.C. amaneció este viernes como uno de los cuatro lugares más calientes de la Tierra. Solo el Sahara africano, el desierto de Gobi en China, partes de Oriente Medio y algunos rincones del suroeste desértico de Estados Unidos superarán las temperaturas de la capital, según reportó el meteorólogo Ben Noll del Washington Post.
El termómetro alcanzará los 102 grados Fahrenheit en D.C., con un índice de calor que podría llegar a 110. El sábado 4 de julio las condiciones no aflojan: se esperan 99 grados y un índice de calor de 113, con posibles tormentas vespertinas que, según AccuWeather, podrían traer «vientos dañinos y aguaceros».
La ola de calor ya cobró sus primeras víctimas logísticas. La Gran Feria Americana en el National Mall cerró temporalmente el viernes por la tarde. La organización Freedom 250 anunció su reapertura para las 5:00 p.m. ET, argumentando que «la seguridad y el bienestar de nuestros visitantes, voluntarios, artistas, vendedores y personal es nuestra máxima prioridad». En Filadelfia, el masivo desfile «Salute to Independence Semiquincentennial» fue cancelado por razones de seguridad, según reportó CBS News. El histórico pueblo de Leesburg, Virginia, también canceló su desfile del sábado y retrasó una hora su concierto y fuegos artificiales.
Sin embargo, el programa central del presidente Donald Trump avanza sin concesiones. Los sobrevuelos militares sobre el National Mall —con aeronaves históricas y modernas de cada rama de las fuerzas armadas— continúan programados. La transmisión en vivo del «Salute to America» arrancará a las 7:00 p.m. ET desde los terrenos del Monumento a Washington, y Trump dará su discurso a las 9:45 p.m., antes del que se anuncia como el «mayor espectáculo de fuegos artificiales del mundo». El concierto anual «A Capitol Fourth» también seguirá adelante, aunque el acceso se retrasará hasta las 7:00 p.m.
Que no te lo cuenten. Mientras parte del aparato burocrático y organizativo cede ante el calor, los estadounidenses que decidan plantarse bajo el sol este 4 de julio tendrán frente a ellos uno de los despliegues militares y pirotécnicos más ambiciosos en décadas. El contraste es elocuente: los que cancelan invocan protocolos; los que celebran invocan historia.
El 250 aniversario de la independencia no es un evento cualquiera. Es una declaración de que la nación existe, resiste y tiene razones para festejar. El calor es real, el riesgo es legítimo, y la prudencia individual es sensata. Pero la voluntad de salir a la calle a celebrar el experimento más exitoso de libertad ordenada que ha producido la civilización occidental no se negocia con un índice de calor.



