El poema de Henry Wadsworth Longfellow inmortalizó a Paul Revere. La historia real, en cambio, tiene otro protagonista — y su nombre casi desapareció del relato oficial.
Julio de 1776. El Congreso Continental debatía en Filadelfia si las 13 colonias declararían la independencia de Inglaterra. Virginia ya había puesto la moción sobre la mesa. Pero Delaware, la colonia que podía inclinar la balanza, estaba paralizada: su delegado Thomas McKean era favorable a la independencia; George Read, no. El voto quedó en empate.
Caesar Rodney, el tercer delegado de Delaware, estaba en Dover. Enfermo de cáncer y asma, con el rostro tan desfigurado por una cirugía de tumor que solía cubrirlo con un velo de seda verde. McKean le envió un mensaje urgente el 1 de julio. Rodney no dudó.
Cabalgó 80 millas en 18 horas seguidas, cambiando caballos en el camino, bajo calor agobiante y tormentas peligrosas, hasta irrumpir en el Pennsylvania State House — hoy conocido como Independence Hall — todavía con la ropa embarrada y las espuelas puestas.
«Dado que creo que la voz de mis electores y de todos los hombres sensatos y honestos está a favor de la independencia, y que mi propio juicio coincide con ellos, doy mi voto por la independencia», declaró.
Su voto rompió el empate. El 2 de julio de 1776, la mayoría votó por la independencia: 12 a 0, con Nueva York absteniéndose. El 4 de julio se aprobó el texto de la Declaración. El 9 de julio, el congreso provincial de Nueva York la adoptó oficialmente, logrando la unanimidad que el Congreso Continental consideraba indispensable: cualquier disidencia, creían, sería explotada por los británicos como señal de debilidad.
Las consecuencias para Rodney fueron inmediatas. Los leales a la Corona en Delaware se encargaron de que no fuera reelegido ni al legislativo estatal ni al Congreso Continental. Aun así regresó a la política: fue elegido Presidente de Delaware entre 1778 y 1781, y llegó a ser brevemente presidente pro témpore del Senado de Delaware antes de morir en 1784.
¿Por qué no lo conoce casi nadie? Quizás porque Revere, como se señaló en un episodio de la serie Outlander, «tuvo un mejor publicista» en Longfellow. Paradójicamente, Revere ni siquiera completó su famosa cabalgata: fue capturado por los británicos antes de llegar a su destino. Fue el Dr. Samuel Prescott quien finalmente alcanzó Concord a tiempo.
Rodney reapareció en el debate público en 2020, cuando activistas de Black Lives Matter derribaron su estatua en Wilmington, Delaware, por haber sido propietario de esclavos. En abril de 2025, la estatua fue reinstalada en Freedom Plaza, Washington D.C., de cara a las celebraciones del 250 aniversario de América.
La historia de Rodney incomoda por partida doble: demasiado heroica para quienes prefieren demoler el pasado fundacional, y demasiado olvidada para quienes dicen venerarlo. Un hombre gravemente enfermo que apostó su salud, su carrera y su reputación por una causa que consideraba justa. Que no te lo cuenten como si fuera un detalle menor. Sin ese jinete anónimo, la unanimidad que le dio legitimidad moral a la Declaración de Independencia tal vez nunca habría existido.



