El sindicato de maestros más grande de Estados Unidos —y el mayor sindicato laboral del país— acaba de mostrar sus cartas. La National Education Association (NEA) presentó una lista de nuevas iniciativas que, juntas, superan los 6 millones de dólares en gasto proyectado. El problema: los propios delegados admiten que ese dinero no está en el presupuesto actual.
El ítem más caro y más revelador es el número 10. Respaldado por 50 delegados de California, pide formalmente que la NEA exija la «destitución, condena y remoción» del presidente Donald Trump antes de las elecciones intermedias de noviembre de 2026, e impulse una marcha masiva sobre Washington. Costo: 5.236.193 dólares. El dato fue reportado el domingo por Corey A. DeAngelis, promotor de la libertad de elección escolar.
No termina ahí. El ítem 24 instruye a la presidenta de la NEA a presionar al Congressional Black Caucus para avanzar en «Reparaciones Educativas» que, según sus impulsores, eliminarían deudas estudiantiles, canalizarían fondos a universidades históricamente negras (HBCUs) y desmantelarían el sistema de financiamiento escolar basado en impuestos a la propiedad.
El ítem 46, por casi 219.000 dólares, ordena imprimir y distribuir las llamadas «Tarjetas Rojas»: materiales multilingües diseñados para que educadores y familias sepan cómo actuar ante agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El sindicato lo presenta como protección a familias vulnerables; sus críticos lo leen como una institución financiada con dinero adyacente al contribuyente instruyendo a su personal sobre cómo obstaculizar la aplicación federal de la ley migratoria.
La ideología de género también tiene su partida presupuestaria. El ítem 20 reescribiría las guías de emergencia familiar del sindicato para incluir instrucciones sobre cambios legales de nombre e «atención afirmativa» para personas transgénero. El ítem 78, con un costo de 12.500 dólares, publicaría mapas de «riesgo legal» estado por estado para personas trans y distribuiría una guía de conversación sobre «Jóvenes Trans en el Deporte».
Y para cerrar el menú, el ítem 85 destinaría 222.000 dólares a que la revista oficial de la NEA publique artículos defendiendo a maestros que llevan lecciones sobre «genocidio en Palestina» al salón de clases, con lenguaje sobre «trauma generacional».
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Que no te lo cuenten. Esto no es un sindicato que negocia salarios o condiciones laborales: es un aparato político de 3 millones de miembros usando las cuotas de sus propios afiliados —muchos de los cuales no votaron por esta agenda— para financiar campañas de destitución presidencial, resistencia a la ley migratoria y adoctrinamiento en el aula. El contribuyente no firma el cheque directamente, pero sí financia las escuelas donde trabajan estos maestros y las instituciones que negocian con este sindicato.
La pregunta que ningún delegado respondió en la convención: ¿en qué ítem está la lectura? ¿En cuál, la aritmética? El relato de que la NEA existe para educar niños se cayó solo. Lo que queda es la burocracia sindical más grande del país convertida en brazo político, con factura incluida.



