Washington ardió este 4 de julio. Literalmente: el termómetro llegó a 102 grados Fahrenheit, rompiendo el récord histórico del Día de la Independencia fijado en 1919, cuando marcó 100 grados. Las tormentas obligaron a evacuar el National Mall durante aproximadamente dos horas, dispersando a miles de asistentes a la celebración del 250 aniversario de la independencia estadounidense.
No importó. Donald Trump llamó al presentador de Fox News Bret Baier para avisarle que daría su discurso «pase lo que pase», porque los veteranos americanos soportaron «mal tiempo» en el Día D durante la Segunda Guerra Mundial y él no iba a dejar que la lluvia cancelara el homenaje. El National Mall reabrió a las 9:45 p.m. y Trump habló a las 11 p.m.
El acto fue monumental en escala. Los organizadores anunciaron que el espectáculo de fuegos artificiales sería el «más grande» de su tipo en la historia americana: 40 minutos de duración y 850,000 cohetes. En Nueva York, 43 veleros desfilaron alrededor de la Estatua de la Libertad y por el río Hudson, seguidos por un bombardero furtivo y los Blue Angels de la Marina. La Patrouille de France sobrevoló el puerto con sus estelas rojo, blanco y azul.
En su discurso, Trump honró a veteranos de la Segunda Guerra Mundial y a uno de los primeros oficiales afroamericanos en liderar un equipo de Fuerzas Especiales en combate en Vietnam. Ante banderas con historia —la que cubrió el ataúd de Abraham Lincoln, la que voló en el avión de los hermanos Wright— declaró el aniversario «uno de los hitos más alegres y gloriosos de todos los tiempos».
El presidente también aprovechó para insistir en el SAVE America Act, su proyecto de ley electoral, defender la Segunda Enmienda y renovar sus denuncias al comunismo. Incluyó un chiste sobre buscar un tercer mandato presidencial. No es la primera vez que mezcla el tono festivo con la agenda política; tampoco será la última.
Mientras tanto, en el edificio del Departamento de Agricultura, una multitud que se refugiaba de la tormenta comenzó a cantar espontáneamente el himno nacional. Esa imagen, más que cualquier discurso, resume lo que estaba en juego el sábado.
Que no te lo cuenten: el aparato mediático progresista pasará los próximos días analizando los minutos de partidismo en el discurso y silenciando los minutos de gratitud a quienes pusieron el cuerpo en las guerras de este país. El ángulo editorial importa. El pueblo que cantó el himno bajo la lluvia, en cambio, ya eligió el suyo.



