El presidente Donald Trump presentó el lunes en el Despacho Oval los llamados Trump Accounts, cuentas de inversión para niños estadounidenses financiadas con 1.000 dólares del Tesoro federal. El programa arrancó oficialmente el 4 de julio.
Trump fue directo sobre el diagnóstico: «Creo que esto enseñará a los niños a ser emprendedores, en contraposición a la amenaza del comunismo que estamos viendo. No son socialdemócratas. Son comunistas. Quieren destruir nuestro país», dijo durante el evento.
El argumento tiene respaldo estadístico. Una encuesta del Cato Institute reveló que el 53% del Gen Z —entre 18 y 29 años— tiene una visión favorable del socialismo, y el 38% la tiene del comunismo. Entre los millennials, esas cifras son 40% y 29%, respectivamente.
La lógica detrás del programa apunta a una brecha estructural: hoy el 1% más rico de los estadounidenses posee alrededor del 50% de todas las acciones en el mercado, mientras que la mitad más pobre del país controla apenas el 1% de esas mismas acciones. Quien no tiene activos no se beneficia de la apreciación del capital y solo ve cómo su salario pierde terreno frente a la inflación — terreno fértil para el relato redistributivo.
Según estimaciones de la Casa Blanca, un niño nacido en 2026 podría acumular aproximadamente 5.800 dólares al llegar a los 18 años sin depósitos adicionales. Si los padres y empleadores aportan el máximo anual de 5.000 dólares de forma consistente, el total podría alcanzar unos 303.800 dólares en ese mismo período.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, lo resumió sin rodeos: «Los Trump Accounts representan el triunfo del capitalismo sobre el socialismo. Nuestro presidente está creando una economía de propietarios donde todos los ciudadanos se convierten en accionistas de la riqueza de América».
El programa fue financiado a través de la llamada «One Big Beautiful Bill» y contempla la posibilidad de ampliar la elegibilidad para niños nacidos después de 2029. Por ahora, el depósito federal de 1.000 dólares aplica solo a los nacidos entre 2025 y 2028, aunque los padres pueden abrir cuentas para hijos mayores. El lunes, Gwynne Shotwell, presidenta y COO de SpaceX, donó una acción de la compañía a dos millones de niños de entre 11 y 17 años residentes en zonas de bajos ingresos.
Que no te lo cuenten. La izquierda lleva décadas diagnosticando la desigualdad de activos para justificar más Estado y más redistribución. Trump toma el mismo diagnóstico y propone la solución contraria: meter a los que no tienen nada en el mercado, no sacarles más a los que ya están. Si la apuesta funciona, la próxima generación no verá el capitalismo como el problema — lo verá como su cuenta bancaria. Eso es lo que más incomoda al relato progresista: que la propiedad privada, cuando se democratiza de verdad, se defiende sola.



