Melat Kiros tiene 29 años, es abogada y acaba de ganar la primaria demócrata en Colorado para ocupar un escaño en el Congreso. Prácticamente una plaza segura. Y eso debería incomodar a cualquiera que todavía crea que las ideas tienen consecuencias.
Kiros es miembro de los Democratic Socialists of America —la corriente más radical del Partido Demócrata— y derrotó a la representante titular Diana DeGette. Hasta ahí, política electoral. El problema es lo que piensa.
En declaraciones públicas, Kiros afirmó que el ataque del 11 de septiembre de 2001 fue «inevitable» porque Estados Unidos «desestabilizó gran parte de Oriente Medio» y convenció a la gente de que «la violencia era la única respuesta». Según esta lógica, Al Qaeda no fue una organización terrorista global con agenda propia: fue una reacción comprensible.
El relato se cae solo con los datos. En 2002, un grupo vinculado a Al Qaeda mató a cientos de personas en Bali, Indonesia. En 2004, otro atentado vinculado a la red dejó casi 200 muertos en trenes de Madrid. En 2005, el grupo atacó el resort egipcio de Sharm El Sheikh. En 2008, perpetró un ataque masivo en un hotel Marriott en Islamabad, capital del país donde la propia organización fue fundada. Ninguno de esos escenarios tiene relación coherente con la «desestabilización» estadounidense que Kiros invoca.
Sobre el 7 de octubre de 2023, Kiros fue igualmente categórica: en el programa de Hasan Piker calificó el ataque de Hamás como «inevitable». Israel se había retirado de Gaza completamente en 2005. No hay política gubernamental que justifique el asesinato de civiles indefensos, incluyendo ancianos y bebés.
Kiros y el alcalde electo de Nueva York Zohran Mamdani —cuyo padre es profesor en la Universidad de Columbia y enmarca el conflicto árabe-israelí como una disputa «entre colonos y la comunidad que despojaron»— representan una generación formada en esa narrativa. No la inventaron ellos: la absorbieron.
Aquí está la pregunta incómoda que el progresismo institucional no quiere responder: ¿qué produce un sistema educativo que convierte a los terroristas en víctimas y a las víctimas en agresores? Produce exactamente esto: candidatos al Congreso que reescriben la historia reciente con total impunidad intelectual, aplaudidos por las mismas instituciones que deberían haberles enseñado a pensar con rigor.
El dinero de los contribuyentes financia aulas donde estas ideas se validan como pensamiento crítico. El resultado no es diversidad de perspectivas: es una generación que llega al poder con mapas del mundo dibujados al revés. Y cuando esa generación legisla, el costo lo pagan todos.



