Shaquan Seth, 40 años, tiene un historial que arranca en 2009 y acumula casi 150 arrestos por robo, hurto, allanamiento y drogas. El viernes pasado fue puesto en libertad sin fianza tras ser imputado por cinco nuevos robos en Queens. No es un error del sistema: es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado.
Seth salió de Rikers Island el 11 de junio tras cumplir cinco meses por un caso de robo y allanamiento de noviembre. Seis días después, según fuentes policiales citadas por The New York Post, ya estaba robando de nuevo. Entre el 17 de junio y el 5 de agosto acumuló cinco nuevos incidentes. El botín más llamativo: más de 600 dólares en velas de la marca Threshold, sustraídas de un Target en Jackson Avenue, Queens, tienda a la que regresa con llamativa regularidad.
El 5 de agosto, al intentar una empleada detenerlo, Seth supuestamente la amenazó con dispararle. Aun así, la Fiscalía del Distrito de Queens confirmó que los cargos «no son elegibles para fianza bajo la ley estatal». Un juez no puede retenerlo. La ley no se lo permite.
«No tiene ningún sentido», dijo una fuente policial al Post. «Acaba de hacer seis meses por el mismo delito y lo sueltan sin fianza».
Seth ha estado entre rejas 67 veces. Fue trasladado al Hospital Elmhurst para evaluación psiquiátrica la semana pasada, pero fue procesado y liberado de todas formas. Ahora enfrenta nuevos cargos de robo y allanamiento con varios casos pendientes en los tribunales.
El cuadro es completo: un reincidente con décadas de historial, amenazas a trabajadoras, evaluación psiquiátrica en curso y cinco nuevos delitos en menos de dos meses. El aparato estatal lo procesa, lo suelta y espera el siguiente ciclo.
Esto no es un accidente de política pública: es la consecuencia directa de las reformas de «justicia criminal» que Albany impuso en nombre de la equidad. La premisa era que la fianza castigaba a los pobres. El resultado es que castiga a la empleada de Target que intenta hacer su trabajo y termina con una amenaza de muerte. El contribuyente financia el ciclo completo: arrestos, traslados, hospitalizaciones, procesos judiciales y vuelta a empezar.
Mientras los legisladores que aprobaron esas leyes viven lejos de las tiendas de Queens, son los trabajadores de a pie quienes absorben el costo. Que no te lo cuenten.



