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El gobernador Landry respalda a LSU y a Kiffin en su guerra contra la SEC: «No odies al jugador, odia el juego»

Louisiana pone el aparato estatal detrás de su universidad mientras la SEC intenta bloquear a atletas que usaron órdenes judiciales para volver al fútbol universitario tras pasar por el profesionalismo.
Foto: foxnews.com
jueves 27 de agosto de 2026

La pelea entre LSU y la Conferencia del Sureste (SEC) dejó de ser un asunto puramente deportivo. El gobernador de Louisiana, Jeff Landry, salió esta semana a respaldar públicamente a los Tigres y a su entrenador Lane Kiffin en el conflicto que sacude al fútbol universitario estadounidense.

«Todo esto es ridículo. No odies al jugador, odia el juego», declaró Landry. «Llevo un año diciendo que los deportes universitarios necesitan arreglarse. La NCAA pudo haberlo hecho. El Congreso pudo haberlo hecho. Ninguno lo hizo. Ahora la SEC está creando un lío legal sobre atletas a quienes dijo que habían agotado su elegibilidad, solo para cambiar las reglas después».

El gobernador también cuestionó la coherencia de la conferencia: «La SEC aceptó las decisiones de los tribunales en los casos de Diego Pavia y Trinidad Chambliss. ¿Por qué este es diferente?»

El fondo del conflicto es este: jueces de Louisiana han emitido órdenes que habilitan a ciertos atletas —que firmaron contratos profesionales o asistieron a campamentos de la NFL— a regresar a la competencia universitaria. LSU, con Kiffin al frente, ha decidido reclutar a esos jugadores amparado en esas resoluciones judiciales. La SEC, por su parte, sostiene que tiene la responsabilidad de proteger a la conferencia de lo que considera una distorsión del sistema.

La postura de Kiffin es directa: si un tribunal dice que un atleta es elegible, LSU sería imprudente en no perseguir a ese jugador mientras otras escuelas esperan al margen. La SEC lo ve de otra manera y, junto con la Big Ten, ha anunciado que buscará bloquear esa vía.

Lo que resulta llamativo no es el debate deportivo en sí, sino la velocidad con que Louisiana convirtió un pleito de elegibilidad en una causa de Estado. El gobernador Landry no solo opinó: puso el peso político de su administración detrás de la universidad.

Desde la línea editorial de Contrafuego, el cuadro es elocuente. Durante años, la NCAA y el Congreso tuvieron la oportunidad de establecer reglas claras sobre la elegibilidad, el dinero de los atletas y la relación entre el deporte universitario y el profesional. No lo hicieron. El vacío lo están llenando ahora los tribunales estatales, los gobernadores y los entrenadores dispuestos a explotar cada resquicio legal disponible. Kiffin no inventó el caos: simplemente fue el primero en leerlo con claridad y actuar en consecuencia.

El relato de que las instituciones deportivas se autorregulan con sabiduría y equidad se cayó solo. Cuando la burocracia no fija reglas a tiempo, el mercado —en este caso, el mercado de talento atlético— encuentra su propio camino. Que no te lo cuenten.

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