Hay una trampa tendida en el debate sobre los centros de datos en Estados Unidos, y algunos conservadores están a punto de caer en ella. El argumento es sencillo: la izquierda lleva años destruyendo la infraestructura energética del país y ahora señala a los data centers como los culpables de la crisis que ella misma fabricó.
El análisis es del fundador de Power The Future, Turner, quien advierte que los conservadores no deberían adoptar los argumentos del ala socialdemócrata del Partido Demócrata para oponerse a la construcción de centros de datos. Su caso descansa en datos concretos.
Lo que los números dicen
El condado de Loudoun, Virginia, recaudó 1.300 millones de dólares en ingresos fiscales provenientes de data centers, lo que permitió una reducción del 30% en los impuestos locales a la propiedad. En un distrito escolar de Luisiana, los maestros recibirán bonos de 50.000 dólares este año gracias a un proyecto de Meta. Estos no son subsidios estatales ni gasto público: son proyectos privados, con financiamiento privado, que generan empleo y reducen la carga fiscal sobre los ciudadanos.
El presidente Trump, según Turner, emitió lo que denominó un «Plan de Protección al Consumidor de Energía» que, por primera vez, permite a las empresas tecnológicas construir sus propias plantas de generación eléctrica. En palabras del propio Trump citadas en el texto: «los centros de datos ahora tienen el mandato de construir su propia electricidad, para que no la tomen de la red. Eso va a bajar el costo de la electricidad».
La doble vara de siempre
La izquierda alega preocupaciones por el uso del suelo agrícola. Pero fue la administración Biden la que gastó decenas de miles de millones en comprar tierras de cultivo para proyectos eólicos y solares que Turner califica de fallidos. Alegan preocupación por el empleo. Pero bajo Biden se cerraron más de 100 plantas de carbón y gas natural, y se permitió la entrada masiva de mano de obra ilegal que, según Turner, deprimió los salarios de los trabajadores estadounidenses. Otra vez la doble vara.
Hay también una dimensión geopolítica que no puede ignorarse. Un titular de Axios citado en el texto advirtió este verano que «China acaba de borrar la ventaja de Estados Unidos en inteligencia artificial». Frenar la construcción de data centers no es una política ambiental: es entregarle la carrera tecnológica a Beijing.
Lo que está en juego
Desde Contrafuego lo vemos claro: el libre mercado funciona cuando se le deja funcionar. Un granjero de séptima generación que recibe un cheque de ocho cifras por su tierra no es un traidor; es el sistema de propiedad privada operando exactamente como debe. Que un gobernador imponga una moratoria por cálculo electoral para bloquear esa transacción es, en el mejor de los casos, paternalismo; en el peor, confiscación disfrazada de regulación.
La burocracia verde fracasó en la red eléctrica. El adoctrinamiento climático cerró plantas que funcionaban. Y ahora el mismo aparato quiere convencer a los conservadores de que los centros de datos —empleo privado, inversión privada, impuestos reales— son el enemigo. El relato se cayó solo. No le ayudes a sostenerse.



