Un hombre de Julian, California, fue arrestado el martes después de que agentes de la Policía del Capitolio de Estados Unidos encontraran una guillotina completamente ensamblada en la caja de su camioneta, aparcada ilegalmente en el bloque 100 de East Capitol Street, a escasos metros del Capitolio y del edificio del Tribunal Supremo.
Philan-Tam-Duy Le, de 35 años, fue detenido alrededor de las 3 p.m. y acusado de portar un arma peligrosa. También recibió una citación por estacionamiento ilegal junto a los terrenos del Tribunal Supremo.
Las fotografías difundidas por la Policía del Capitolio muestran la guillotina de pie, en posición vertical, dentro de la caja del vehículo: una estructura rectangular de madera con una cuerda visible. El dispositivo, inventado en Francia a finales del siglo XVIII, es un instrumento de ejecución diseñado para matar por decapitación. Se hizo tristemente célebre como símbolo del Terror durante la Revolución Francesa.
«El sospechoso condujo desde California. Los investigadores de la USCP están revisando sus antecedentes para saber más sobre por qué vino a Washington, DC», indicaron las autoridades en un comunicado oficial.
Poseer una guillotina en propiedad privada no constituye delito en términos generales. Introducir un arma peligrosa en zonas federales protegidas es otra cuestión: el complejo del Capitolio y los terrenos del Tribunal Supremo están sujetos a estrictas normas de seguridad federales y locales que regulan los objetos que pueden acercarse a los edificios gubernamentales.
El caso se suma a una serie de arrestos recientes en la zona. El mes pasado, según la misma fuente, agentes detuvieron a un hombre en la barricada norte del Capitolio que portaba un arma de fuego. En ese incidente, Wendell J. Royster, de 67 años, llegó desde Mississippi en un Ford Bronco y pidió indicaciones hacia el Tribunal Supremo.
La investigación sobre Le continúa abierta mientras las autoridades intentan determinar el motivo del viaje transcontinental.
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Una guillotina ensamblada frente a los símbolos más visibles del poder judicial y legislativo de la nación no es un gesto ambiguo: es una amenaza simbólica de manual, independientemente de la ideología de quien la porta. El aparato estatal de seguridad —con todos sus defectos— funcionó esta vez: detectó, actuó y confiscó antes de que cualquier cosa escalara.
Lo que queda pendiente es la pregunta que los investigadores aún no han respondido: ¿por qué? Hasta que haya respuesta, el hecho habla solo. Que no te lo cuenten de otra manera.



