El Zoológico Nacional del Smithsonian tiene casi 400 resultados si buscas «climate change» en su sitio web. No es un portal de activismo. Es un zoológico federal financiado con fondos públicos.
Una revisión de Fox News Digital encontró que la institución lleva años integrando mensajes DEI, iniciativas de justicia ambiental y programación LGBTQ en sus operaciones. No es una lectura sesgada: está en sus propios documentos.
El Informe de Diversidad e Inclusión del Smithsonian de 2023 lo dice sin rodeos: «La diversidad y la inclusión son componentes integrales de todas las operaciones del Smithsonian». El informe dedica varias páginas específicamente al zoológico. Incluye internados con enfoque en diversidad y programación familiar LGBTQ con «enriquecimiento animal temático arcoíris».
Un artículo publicado en 2021 en el sitio del zoológico, firmado por la ecóloga de aves marinas Harrison y la bióloga de corales Hagedorn, va más lejos. Afirma que «la equidad de género, las libertades civiles y la justicia son ingredientes necesarios para la paz y la prosperidad» y que «una forma directa de impulsar la acción climática es abordar las inequidades en salud y educación en todo el mundo».
Eso no es ciencia de conservación. Es un manifiesto político con membrete federal.
El Smithsonian opera el zoológico en Washington D.C. y un programa global de investigación en más de 40 países. La institución recibe alrededor de 2 millones de visitantes al año solo en su sede capitalina.
La administración Trump ya ha puesto el ojo en el Smithsonian. Fox News Digital ha documentado el enfrentamiento entre la Casa Blanca y la institución sobre mensajes «woke» en su historia y sus exposiciones. El zoológico es el siguiente frente.
Jason Hayes, investigador de la Heritage Foundation, advirtió sobre la politización de la ciencia dentro de los zoológicos: «Cuando eso ocurre, empiezan los problemas».
Tiene razón. Y el problema es de principio, no de estética.
Un zoológico existe para conservar especies y educar al público sobre la fauna. Eso es lo que el contribuyente financia. Cuando la burocracia convierte ese mandato en plataforma de adoctrinamiento progresista, traiciona el contrato con el ciudadano. No importa si el envoltorio son pandas o corales.
La doble vara es perfecta: la misma institución que exige «equidad global» como condición para salvar ecosistemas cobra salarios de ejecutivo privado y opera con presupuesto federal blindado. El relato se cayó solo. Que no te lo cuenten.



