El senador Jim Banks, republicano por Indiana, presentó un paquete de siete proyectos de ley de inmigración. Su objetivo es claro: convertir en ley permanente las prioridades migratorias del presidente Trump antes de las elecciones de medio término.
Banks lo dijo sin rodeos a Fox News Digital. «No solo temo una mayoría demócrata. Temo una mayoría demócrata-socialista», declaró. Según él, los socialistas que controlan hoy al Partido Demócrata apoyan fronteras abiertas y quieren eliminar el ICE.
Los líderes demócratas actuales del Senado no están alineados con los Socialistas Democráticos de América. Pero Banks argumenta que un Senado demócrata futuro estaría «controlado por el ala socialista de su partido».
Los proyectos apuntan a ciudadanía por nacimiento, visas y licencias de conducir comerciales, entre otros puntos. Uno de ellos lleva nombre propio: la Ley Dalilah.
Dalilah Coleman era una niña de primer grado. Sufrió lesiones catastróficas cuando un inmigrante ilegal al volante de un camión de carga provocó un choque múltiple en Indiana. El conductor, Partap Singh, nacional indio con licencia de California, fue identificado como el responsable. Coleman pasó meses hospitalizada y fue sometida a una craniectomía.
La Ley Dalilah obligaría a los estados a dejar de otorgar licencias comerciales a inmigrantes ilegales y ciertos extranjeros. También exigiría revocar licencias ya emitidas y aplicar los exámenes de manejo solo en inglés. Sus impulsores la comparan con la Ley Laken Riley, pero para el ámbito del transporte de carga.
Banks trazó un paralelo histórico. Recordó la presión del Congreso en la era Reagan para elevar la edad mínima para beber alcohol, usando fondos federales de transporte como palanca. Dijo que varios residentes de Indiana han sido heridos o muertos en accidentes con conductores extranjeros licenciados por «estados que reparten licencias comerciales como caramelos».
«No puedo creer que los demócratas estén tan radicalizados hoy», afirmó Banks, «que acepten que los ilegales quiten empleos a los americanos o conduzcan semirremolques».
El relato oficial dice que la inmigración ilegal es un problema humanitario. La realidad de Dalilah Coleman dice otra cosa. Aquí hay dinero de los contribuyentes, vidas reales y un aparato burocrático estatal que entregó una licencia comercial sin verificar el estatus migratorio del conductor. Eso no es humanitarismo. Es negligencia institucional con consecuencias letales.
Banks tiene razón en una cosa: las políticas ejecutivas duran lo que dura una administración. Sin ley, no hay garantía. El Congreso tiene una ventana. La pregunta es si la usará o dejará que el reloj corra hasta que otro gobierno abra de nuevo las compuertas.



