El sábado por la noche, el Barclays Center de Brooklyn fue escenario de algo más que un partido de baloncesto. Afuera, según el New York Post, unos 60 seguidores de Sophie Cunningham se concentraron frente a más de 100 activistas pro-trans, separados por la Policía de Nueva York y vallas de contención. Adentro, la doble vara quedó grabada en el marcador.
Julie Potter, de 48 años, había comprado 25 entradas y pagado por un mensaje en el Jumbotron que decía: «Thank you, Jennifer Sey XX XY Athletics will save the day». La sede le devolvió el dinero y le explicó que su mensaje «no estaba en el espíritu de la positividad», según recoge el Post. Horas después, el mismo marcador proyectó tres mensajes distintos: «Hey trans fans! Glad you're here! Go Liberty!», «Welcome trans Liberty fans! You are loved and you belong!» y «Big welcome to the NY Liberty transgender fan community! So excited to be here with you all!», según reportó el Daily Wire.
Eso es lo que Jennifer Sey, fundadora de XX-XY Athletics y presente en el estadio, llamó «censura tras censura». «La WNBA es un fracaso tras otro», dijo Sey a OutKick. «Siguen intentando gestionar el mensaje, pero la gente ya no lo acepta. El 75% de los estadounidenses está de acuerdo en que el deporte femenino es para mujeres», añadió, según la misma fuente.
El origen de la tormenta es una entrevista de Cunningham a ESPN en la que la jugadora dijo querer «proteger a las niñas en un vestuario, o a las niñas en el deporte que no deberían tener que competir contra hombres biológicos». Cunningham no se retractó: «Recibí muchos comentarios negativos sobre que odio a los trans. Y yo digo: nunca dije eso», declaró, según el Post.
El 12 de agosto, la WNBA informó que un grupo de trabajo de presidentes y gerentes generales se reunió para debatir la elegibilidad de atletas trans, pero no tomó ninguna decisión. «No hay asuntos de elegibilidad inmediatos que afecten a la WNBA», señaló la liga en un comunicado recogido por el Post.
Mientras tanto, los ex jugadores de la NBA Enes Kanter Freedom y Royce White se declararon elegibles para el Draft de la WNBA 2027, en lo que muchos leyeron como una provocación directa a la falta de reglas claras de la liga. La publicación de Freedom en X acumuló casi 50 millones de visualizaciones, según el Post.
El relato se cayó solo. Una organización que se proclama campeona de la inclusión censuró el mensaje de una fan que pagó por él y, acto seguido, llenó el marcador con mensajes de signo contrario. No hace falta inventar nada: la propia sede lo hizo visible en letras de metro. Cuando el aparato institucional decide qué mensajes merecen el Jumbotron y cuáles no, no está gestionando la «positividad»: está eligiendo un bando. Y el contribuyente —o en este caso, la fan que compró 25 entradas— ya tomó nota.



