Vestidas de rosa, algunas cargando bebés en brazos, cientos de mujeres se congregaron al amanecer del jueves frente al Plymouth Superior Court de Massachusetts. El motivo: mostrar apoyo a Lindsay Clancy, quien enfrenta juicio por estrangular a sus tres hijos.
Los niños tenían 5 años, 3 años y 8 meses cuando murieron.
Las asistentes se tomaron de las manos en círculo para un momento de silencio. Un sitio web que promovió la vigilia declaró: «Nos mantenemos en silencio, unidos de la mano, vestidos de rosa, para mostrarle a Lindsay Clancy el apoyo pacífico que mereció». Flyers del mismo sitio convocaron a concentraciones en Nueva York, Phoenix, Fort Worth y otras ciudades del país.
El hashtag «We Are All Lindsay Clancy» ha sido tendencia en redes sociales durante el juicio. El abogado defensor de Clancy calificó el respaldo de la multitud como «asombroso» para su cliente.
Clancy se declaró no culpable de los cargos de asesinato en primer grado. Su defensa no ha señalado a ningún otro autor material; en cambio, argumenta que ella no debe ser penalmente responsable porque actuaba bajo el efecto de múltiples medicamentos recetados y sufría psicosis posparto. Algunos de sus seguidores van más lejos y acusan al exesposo, Patrick, de ser el verdadero asesino y de haberla incriminado, aunque la propia defensa nunca ha sostenido esa teoría.
Otros críticos del sistema sanitario señalan que la industria farmacéutica empujó medicamentos con efectos secundarios graves. Frente a eso, hay quienes sostienen que, incluso si existió psicosis posparto, eso no basta para eximir a Clancy de las consecuencias legales de sus actos. Señalan además que un veredicto de «no culpable» por razón de locura podría derivar en internamiento psiquiátrico temporal y, eventualmente, en su liberación.
Que no te lo cuenten. Lo que ocurrió fuera de ese tribunal no es un debate sobre salud mental: es la construcción de un relato que desplaza a las víctimas del centro de la conversación. Tres niños pequeños fueron asesinados. Ese es el hecho que ninguna vigilia rosa puede reencuadrar.
El movimiento «We Are All Lindsay Clancy» revela algo más profundo: la tendencia del activismo de identidad a convertir al perpetrador en víctima y a borrar a las víctimas reales del cuadro. El sistema judicial existe precisamente para que esa operación no prospere. Sea cual sea el veredicto, la pregunta que el tribunal debe responder es una sola: qué justicia merecen Cora, Dawson y Callan.



