Neal English Colby, de 32 años, enfrenta cargos de homicidio por abuso infantil en Utah. Su hija, Celia Aurora Colby, tenía casi siete meses. Murió el 17 de enero de 2025.
Los oficiales llegaron esa madrugada a la casa de Murray. Encontraron a la madre de la bebé haciéndole RCP en un sótano sin terminar. Celia fue trasladada al hospital. Murió en la ambulancia.
La madre —separada de Colby pero viviendo en la misma casa— contó que ella, su hijo pequeño y Celia tenían gripe. Le dio Tylenol infantil a los niños. Pidió cita con el pediatra para más tarde ese día. A las 2:30 de la madrugada le entregó a Celia a Colby. Necesitaba dormir.
Colby no duró con la niña. Según la investigación, a las 3:20 a.m. salió de la casa. Se dirigió a una zona conocida como punto de drogas en Murray. Dejó a Celia sola en el sótano durante 43 minutos.
La madre fue despertada por los gritos de Colby. Corrió al sótano. Encontró a la bebé boca arriba con «fluido rojizo saliendo de ella», según documentos judiciales. Ella llamó al 911. Colby no lo hizo.
Cuando llegó la policía, Colby no mostró remordimiento. Estaba vaporizando cuando los oficiales no lo miraban.
Los detectives hallaron en el sótano ese fluido rojizo sobre una cobija oscura, botellas con orina junto a la cama, drogas y parafernalia. Un pediatra que revisó el caso advirtió que las condiciones incluían desechos humanos, desechos de animales y drogas ilícitas. Todo eso rodeaba a una bebé de seis meses.
El examen médico forense del estado de Utah encontró abrasiones en la nariz, la mejilla derecha y el mentón de Celia. El patrón de las lesiones en sus fosas nasales fue calificado de «altamente preocupante». Según los documentos, ese patrón puede producirse cuando un cuidador aprieta la nariz de un niño. La causa de muerte fue certificada como «no pudo determinarse», aunque no se descartó asfixia.
Colby está detenido en la cárcel del condado de Salt Lake sin derecho a fianza.
Que no te lo cuenten. Esto no es una tragedia abstracta. Es el resultado concreto de un adulto que eligió las drogas sobre la vida de su hija. El Estado tiene aquí una sola tarea: que ese hombre no vuelva a estar cerca de un niño jamás. Sin atenuantes, sin burocracia terapéutica que diluya la responsabilidad. La bebé Celia no tuvo segunda oportunidad. El sistema no puede dársela a quien la abandonó.



