El Servicio Secreto no falla dos veces. O eso debería ser.
Li Hua Stevens, 65 años, nativa de China y actualmente sin hogar, fue detenida el sábado pasado en la finca Mar-a-Lago de Palm Beach tras ignorar un cartel de gran tamaño que advertía «ÁREA RESTRINGIDA: PROHIBIDO EL PASO», según informó CBS 12. Agentes del Servicio Secreto la localizaron empujando un carrito utilitario cargado con sus pertenencias personales dentro de la propiedad.
No era la primera vez. La Policía de Palm Beach ya le había emitido una advertencia por un incidente similar el 2 de mayo, y en esa ocasión se le ordenó no regresar a «todas las propiedades de Mar-a-Lago», según el informe de arresto obtenido por el Palm Beach Post. Stevens fue arrestada formalmente por allanamiento en mayo, y ahora enfrenta un segundo cargo por la misma infracción.
En esta ocasión fue acusada de allanamiento como delito menor y quedó detenida con una fianza de 2.000 dólares, según los registros carcelarios.
El presidente Trump no se encontraba en Mar-a-Lago en ese momento: pasaba el fin de semana jugando golf y asistiendo al Freedom 250 Grand Prix en Washington, D.C.
El historial de Stevens no termina ahí. El 30 de junio fue arrestada en Palm Beach después de que cámaras de vigilancia la captaran defecando en un jardín público y dejando papel higiénico usado y otros residuos, según registros judiciales obtenidos por CBS 12. Admitió los hechos cuando la policía le mostró el video.
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El relato se cayó solo. Durante años, la narrativa progresista ha presentado cualquier medida de seguridad en torno a las propiedades de Trump como paranoia o exceso autoritario. Lo que este caso ilustra es lo contrario: la necesidad de perímetros efectivos alrededor de instalaciones que, guste o no, forman parte de la infraestructura de seguridad del ejecutivo estadounidense.
Una persona reincidente, con antecedentes documentados de desobediencia a órdenes judiciales y conducta antisocial, logró ingresar dos veces a una propiedad presidencial. La pregunta no es por qué fue detenida. La pregunta es por qué pudo volver. El aparato de seguridad existe para responderla.



