Lo que parece el guion de una comedia política es, en realidad, una de las carreras al Senado más competitivas de Estados Unidos.
Alaska tiene tres Dan Sullivan en la misma boleta para el Senado. El senador titular, Dan S. Sullivan. El maestro jubilado, Dan J. Sullivan. Y el ex alcalde de Anchorage, Dan A. Sullivan, quien esta semana decidió que ya era suficiente confusión y publicó en Facebook: «Como el Dan Sullivan original, insto a los alaskeños a votar por el senador Daniel S. Sullivan. Ha sido excelente para Alaska».
La publicación se volvió viral días después de que la plataforma VoteHub la destacara en redes sociales.
El contexto importa. Alaska es históricamente un estado rojo, pero la ex representante Peltola —demócrata— le lleva al senador titular 5,4 puntos porcentuales en la última contabilización de la primaria abierta celebrada el martes pasado, en la que los cuatro candidatos más votados avanzan a la elección general de noviembre. Tanto Peltola como el senador Sullivan están proyectados para avanzar. El maestro jubilado, Dan J. Sullivan, también parece encaminado a clasificar, aunque los medios se abstienen de confirmarlo por los votos pendientes de conteo.
Los críticos republicanos lo llaman «Decoy Dan» —el Dan señuelo— y lo acusan de ser un infiltrado demócrata que usa su nombre para confundir votantes en una carrera extraordinariamente reñida. El propio maestro admitió al New York Times que votó por el candidato demócrata a la presidencia en las últimas tres elecciones presidenciales, aunque insiste en que es un republicano moderado.
Un tribunal inferior lo retiró inicialmente de la boleta al señalar que no presentaba «una candidatura real y de buena fe», destacando que esperó hasta días antes del plazo para registrarse como republicano. La Corte Suprema de Alaska, sin embargo, lo restituyó. Según reportes, el Departamento de Justicia habría obtenido citaciones de un gran jurado para investigar al maestro jubilado.
Alaska usa un sistema de votación por orden de preferencia en la elección general: si ningún candidato supera el 50%, se activa una segunda ronda donde los votos de los candidatos eliminados se redistribuyen según la siguiente preferencia marcada por cada votante.
Aquí está el principio en juego: el voto es el mecanismo más básico de rendición de cuentas ciudadana. Cuando ese mecanismo se manipula —o siquiera se sospecha que se manipula— con un nombre calcado y un registro de último minuto, el daño no es solo para un partido: es para la legitimidad del resultado. La burocracia electoral alaskeña dejó entrar al «Dan señuelo»; ahora le toca al votante, y aparentemente a un gran jurado federal, desenredar el enredo.



