Riley Roberts, de 38 años, fue fotografiado el sábado paseando al perro de la pareja, Deco, frente al apartamento de tres habitaciones en East Elmhurst, Queens, que compartía con la representante Ocasio-Cortez. Fue la primera vez que se le veía desde que el martes se conoció la noticia de la ruptura.
Roberts salió con el bulldog francés de seis años durante unos 20 minutos antes de regresar al edificio. Un vecino del inmueble declaró al Post: «Nunca los he visto juntos. A él sí lo veo aquí todavía.» No está confirmado si Roberts sigue viviendo en el apartamento o si simplemente paseaba al animal como favor.
Mientras tanto, Ocasio-Cortez, de 36 años, ha pasado la semana filmando videos para sus 9,7 millones de seguidores en Instagram sobre su proceso de congelación de óvulos. Cuando el Post le preguntó sobre la ruptura frente a su apartamento el miércoles, respondió: «No comento sobre mi vida privada.»
Según fuentes citadas por el Daily Mail, la separación ocurrió en febrero porque ella «era demasiado exitosa» para Roberts, desarrollador web nacido en Arizona. Una fuente del Capitolio que socializó con la pareja señaló que el ascenso político de AOC pudo haber creado un desequilibrio de poder «muy, muy tóxico» en la relación. «Raro es el hombre capaz de ponerse en el asiento trasero de la carrera política de su esposa», agregó esa misma fuente.
La pareja se conoció en un grupo de discusión estudiantil en la Universidad de Boston y estuvo junta 15 años. Roberts le propuso matrimonio en abril de 2022 durante un viaje a Puerto Rico. AOC dejó de usar el anillo después de octubre de 2023. Ninguno ha confirmado oficialmente la ruptura.
Deco, el bulldog comprado en 2020 y bautizado en honor al movimiento Art Déco, fue en su momento protagonista habitual de las redes sociales de ambos, incluyendo una foto navideña de 2021 en la que los tres lucían atuendos combinados.
---
Que no te lo cuenten. La misma figura que convirtió el «Tax the Rich» en eslogan de pasarela lleva semanas construyendo un relato de empoderamiento personal frente a las cámaras, mientras su ex pasea solo al perro en Queens. No hay juicio moral en eso: la vida privada es la vida privada, y así lo dijo ella misma.
Lo que sí merece nota es el contraste: la maquinaria de contenido digital funciona a plena potencia —9,7 millones de seguidores, videos diarios, narrativa de fertilidad como acto político— y el aparato mediático progresista ya prepara el terreno para una posible candidatura presidencial en 2028. El relato se construye con cuidado. El perro, por ahora, lo pasea otro.



