Michael LaRosa fue portavoz de la ex primera dama Jill Biden. Hoy se niega a apoyar al candidato demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed. El motivo es concreto y personal.
El streamer Hasan Piker dijo en 2019 que «América mereció el 11-S». La frase generó condena generalizada. El-Sayed ha hecho campaña junto a Piker. Cuando le preguntaron por esa declaración, El-Sayed respondió que aparecer con alguien no significa endorsar todo lo que dice.
Para LaRosa eso no es suficiente. La madre de su mejor amigo murió el 11 de septiembre. Saltó desde el piso 95 de las Torres Gemelas. «Su único crimen fue presentarse a trabajar esa mañana», escribió LaRosa en una publicación pública.
«No defenderé ni apoyaré a nadie que sea demasiado cobarde para plantarle cara a los extremistas que creen que la madre de mi mejor amigo mereció lo que le pasó», declaró LaRosa según recoge Fox News. Concluyó acusando a El-Sayed de negarse a enfrentarse a «el tipo que dice que ella 'mereció' lo que ocurrió».
LaRosa no se quedó en silencio. Cruzó la línea. Apoya al republicano Mike Rogers.
Rogers es el ex representante que busca el escaño que deja el senador demócrata Gary Peters al retirarse. Michigan es un estado bisagra. El resultado puede inclinar la balanza del Senado.
El episodio revela una fractura real dentro del Partido Demócrata. No es un debate de matices. Es una disputa sobre los límites del discurso aceptable. Y algunos demócratas de toda la vida están eligiendo el otro lado.
Piker, por su parte, ya respondió. Según Fox News, llamó a «castigar» a los demócratas que se opongan a El-Sayed. El tono lo dice todo.
Que no te lo cuenten. El relato de un Partido Demócrata unido y moderado se cae solo cuando uno de sus propios ex funcionarios decide que hay cosas que no se pueden defender con silencio. LaRosa no es un disidente marginal. Trabajó para la Casa Blanca. Su ruptura pública con El-Sayed no es anécdota: es síntoma.
La izquierda del partido abraza a figuras que normalizan el odio y luego exige lealtad tribal. Cuando alguien se niega, lo llaman traidor. Esa dinámica tiene un costo electoral. Michigan lo medirá en noviembre.



