El FBI entrevistó a Salvatore Gravano —el exsubjefe de la familia criminal Gambino conocido como «Sammy the Bull»— para preguntarle si el exdirector del FBI James Comey sabía que el término «86» significa matar. Así consta en documentos judiciales presentados en el Distrito Este de Carolina del Norte.
Según una declaración jurada del abogado de Comey, Patrick Fitzgerald, Gravano dijo durante una llamada telefónica en mayo de 2026 que Comey «tenía que saber» lo que significaba «86» «en relación con matar a alguien». Gravano tenía conocimiento de Comey por el papel que este desempeñó como fiscal principal en el caso United States v. John Gambino et al. en los años noventa.
Sin embargo, el propio Gravano aclaró durante la entrevista grabada —que duró 25 minutos— que no recordaba haber discutido ese término con Comey. Agregó que «86» generalmente significa «deshacerse de» alguien y que, para él, como «gángster», significa «matar». Las búsquedas del FBI en los materiales del caso Gambino tampoco encontraron referencias al término.
El Departamento de Justicia presentó dos cargos federales contra Comey —amenazar al presidente y transmitir una amenaza en el comercio interestatal— por una publicación en Instagram en la que aparecía una foto de conchas de mar en una playa formando el número «8647». Los fiscales sostienen que «86» alude a matar y «47» se refiere a Trump como el 47.º presidente de los Estados Unidos.
La defensa citó precisamente la entrevista con Gravano para cuestionar que la experiencia de Comey como fiscal en el caso Gambino pruebe que entendía «86» como una referencia a matar. Es decir: el testigo que el gobierno esperaba que reforzara su teoría terminó siendo incorporado por la defensa como argumento a su favor.
El caso también registró otro movimiento relevante: el fiscal que llevaba la acusación se retiró y fue reemplazado por un fiscal asistente de los Estados Unidos, según informó Fox News.
Que no te lo cuenten. El aparato de justicia que durante años se presentó como guardián de la democracia ahora tiene a su exdirector en el banquillo, defendiéndose de cargos por lo que publicó en redes sociales. La ironía es mayúscula: la misma burocracia federal que Comey encabezó investiga si sus propias palabras —o sus conchas de mar— constituyen una amenaza criminal. El principio en juego es doble: la libertad de expresión y la igualdad ante la ley. Si la vara se aplica a todos por igual, que se aplique. Eso es exactamente lo que la doble vara institucional nunca quiso.



