El fiscal del distrito de Filadelfia, Larry Krasner, prometió el martes ante una multitud reunida en Independence Mall que el salón de baile ordenado por el presidente Donald Trump en la Casa Blanca sería destruido y sus fragmentos vendidos como souvenirs.
«En una ceremonia oficial lo vamos a volar, y le vamos a devolver el dinero a los contribuyentes vendiendo los pedazos como pisapapeles», declaró Krasner, según recogió el Washington Examiner. «Y yo tendré uno en mi escritorio».
Las palabras fueron pronunciadas durante la 24.ª ceremonia anual de conmemoración de la esclavitud en el sitio President's House, en el Independence Mall de Filadelfia. Krasner vinculó ese acto con el salón de baile de la Casa Blanca, dos estructuras sin relación entre sí y ubicadas en ciudades distintas.
El fiscal también prometió que el Kennedy Center renombrado en honor a Trump «no existirá», y calificó al presidente de «tonto», «dolor de cabeza» y «encarnación del odio, la ignorancia y la privación del voto y la educación».
Varios asistentes aplaudieron y al menos uno gritó que quería «un pedazo» del salón. No todos compartieron el entusiasmo. La residente de Filadelfia Lindy Li, estratega política y autora del próximo libro Unburdened, rechazó las palabras de Krasner. «Krasner es una de las mayores vergüenzas de mi amada ciudad», dijo Li al Washington Examiner. «En nombre de mis conciudadanos de Filadelfia que aman a América, quisiera disculparme con el resto del país por nuestro vergonzoso fiscal».
El salón de baile al que se refirió Krasner es un proyecto de 90.000 pies cuadrados actualmente en construcción sobre el antiguo ala este de la Casa Blanca, con una fecha de finalización prevista para 2028, según el Daily Wire. La misma fuente describe la instalación como un complejo que incluye un búnker presidencial subterráneo de seis pisos.
El acto también estuvo marcado por la controversia en torno a la exhibición sobre la esclavitud en el President's House. La administración Trump ordenó la retirada de los paneles originales del sitio en el marco de la orden ejecutiva «Restoring Truth and Sanity to American History». Tras meses de litigios, los tribunales resolvieron que la administración tenía permitido retirar los paneles originales y reemplazarlos. Los nuevos paneles fueron instalados en julio, según el Washington Examiner. Krasner aseguró que los paneles originales serán restituidos cuando «hayan ganado».
Aquí está el nudo del asunto: un fiscal en ejercicio, ante una audiencia pública, promete la destrucción de una obra federal financiada con dinero de los contribuyentes y celebra la perspectiva como si fuera un acto de justicia. No importa cuánto se disfrace de retórica política: un funcionario que administra el aparato penal de una gran ciudad no puede invocar la demolición de instalaciones federales sin que eso tenga un costo para la credibilidad del estado de derecho que dice defender.
La doble vara es tan vieja como la casta que la practica. Los mismos que exigen normas y procedimientos para todo encuentran siempre una excepción cuando el blanco es el adversario político. El contribuyente, como siempre, paga la función.



