Murat Piker es ingeniero aeroespacial. Trabajó más de una década en Boeing Defense & Space. Tiene un máster en Ingeniería Aeroespacial por UCLA. Y, según su propio perfil público de LinkedIn, posee habilitaciones de seguridad activas.
Su currículum no es menor. Incluye trabajo en el E-6B, el llamado «avión del Apocalipsis»: un Boeing 707 modificado diseñado para mantener al presidente y al alto mando conectados al arsenal nuclear de Estados Unidos si las comunicaciones terrestres son destruidas durante una guerra nuclear. También figura el E-3 AWACS, sistema aerotransportado de vigilancia y control de batalla. El E-7 AEW&C, multiplicador de fuerza para operaciones conjuntas. El dron submarino Orca de la Marina. Y el VC-25B, uno de los dos nuevos aviones presidenciales que reemplazarán al Air Force One actual.
Sobre el VC-25B, el propio Murat declaró a Rolling Stone: «En realidad trabajé un poco en el VC-25B». Una fuente cercana a su historial laboral disputó que estuviera asignado formalmente a ese programa. Pero otra fuente, también citada por el Washington Free Beacon, confirmó que Murat tenía habilitación «top secret». Boeing respondió que sus empleados solo obtienen y mantienen habilitaciones tras superar el riguroso proceso de verificación del gobierno estadounidense.
Murat abandonó Boeing por voluntad propia a principios de este año. No se sabe dónde trabaja ahora.
El problema no es Murat. No hay indicios de que haya filtrado información clasificada. Su perfil público es considerablemente menos incendiario que el de su hermano. El problema es el contexto.
Hasan Piker es uno de los streamers políticos más influyentes de la izquierda estadounidense. Ha declarado que «América se mereció el 11-S». Ha dicho que votaría por Hamás antes que por Israel. Ha defendido a Hezbolá. Ha justificado la retórica de «muerte a América» culpando a la política exterior estadounidense. Actúa como portavoz de candidatos demócratas en las elecciones de 2026. Y tiene una relación estrecha y pública con su hermano, con quien ha viajado a Japón y Francia, y con quien vio en directo el lanzamiento del satélite ViaSat-3 en 2023, un proyecto en el que Murat había trabajado durante años.
Que no te lo cuenten. La burocracia de seguridad nacional lleva años retrasando el nuevo Air Force One por problemas de habilitaciones. Mientras tanto, un ingeniero con acceso «top secret» a los programas más sensibles del complejo militar-industrial aparecía semana tras semana en el canal de uno de los comentaristas más abiertamente antiestadounidenses del país. Nadie preguntó nada. Nadie levantó la mano. El relato se cayó solo: el aparato estatal es implacable con el ciudadano común y ciego cuando la ideología correcta está de por medio.



