John Hinckley Jr., quien intentó asesinar al presidente Ronald Reagan el 30 de marzo de 1981, habló con el cineasta y productor Mark Joseph en una entrevista obtenida en exclusiva por The Daily Wire. Las declaraciones llegan mientras Hinckley recibe atención renovada tras sus primeras entrevistas importantes en décadas.
Sobre la película «Taxi Driver» —el filme de Martin Scorsese de 1976—, Hinckley fue directo: «Me influyó muchísimo. No usaría el término 'hacerlos responsables', pero sí, 'Taxi Driver' me influyó enormemente». La obsesión con la actriz Jodie Foster, a quien Hinckley creyó que se uniría a él tras el atentado, también formó parte de la espiral que describió en otra parte de la entrevista.
Pero el propio Hinckley apuntó a otro factor que considera igual de determinante: el distanciamiento de su familia. «No se alejen de su familia», dijo dirigiéndose a jóvenes que atraviesan soledad. «Mantengan los lazos familiares, porque eso fue lo que me pasó a mí: me distancié de mi familia, y eso llevó al aislamiento, la depresión y las delusiones». Añadió: «Y si tienen alguna fe, intenten tener fe en Dios. En mi caso, eso fue lo que me sostuvo».
El ataque dejó heridos al propio Reagan —quien sobrevivió con un pulmón perforado y hemorragia interna—, al secretario de prensa de la Casa Blanca James Brady, al oficial de policía de Washington Thomas Delahanty y al agente del Servicio Secreto Timothy McCarthy. Hinckley fue declarado no culpable por razón de demencia en 1982 y pasó más de tres décadas bajo atención psiquiátrica antes de quedar libre de supervisión judicial en 2022.
Joseph produjo el filme «Reagan» de 2024, protagonizado por Dennis Quaid como el 40.º presidente. Un corte del director está programado para regresar a los cines en septiembre, en el marco de las celebraciones del 250.º aniversario de la nación.
Lo que Hinckley describe —aislamiento, ruptura de vínculos familiares, ausencia de fe— no es un diagnóstico clínico abstracto: es el relato en primera persona de alguien que vivió las consecuencias. En un momento en que el debate público sobre la violencia tiende a reducirse a plataformas y regulaciones, la voz del propio protagonista pone sobre la mesa variables que ningún algoritmo puede sustituir: familia y comunidad. Que cada quien saque sus conclusiones.



