James Fishback lanzó su campaña para gobernador de Florida con diatribas sobre Israel y AIPAC. Consiguió el respaldo de Tucker Carlson y de Nick Fuentes. Lanzó ataques racistas contra su rival Byron Donalds. En papel, era el candidato «groyper» en estado puro.
Un periodista de Daily Wire viajó hasta Clewiston para verlo en persona. Clewiston es un pueblo rural de poco más de 7.000 habitantes, a hora y media de Fort Lauderdale. La asistencia al acto de cierre de campaña fue de algo más de cien personas. Buena cifra para ese municipio.
Lo que encontró no encajaba con el relato.
Los voluntarios jóvenes no hablaban de Israel. Hablaban de asequibilidad, valores familiares y cámaras de vigilancia. Un voluntario de poco más de 20 años dijo que había llegado a Fishback por Instagram. Escuchaba a Fuentes y a Carlson. También al streamer Destiny, para «oír todos los lados». Sus prioridades eran concretas: el precio de la vivienda y el futuro de la Florida en que creció.
El discurso de Fishback duró cerca de una hora. Fue populismo estándar. Pequeñas ciudades, el sueño americano, cítricos, ganadería y azúcar. «La verdadera prueba de la economía es si un joven de 30 años puede casarse y comprar una casa», dijo. Solo hubo una mención a AIPAC, puesta al lado de CAIR. Una referencia velada a Israel en el apartado de ayuda exterior. Nada más.
Fishback había tuiteado sobre Israel 22 veces solo en marzo. En el último mes de campaña, tres veces. El periodista le preguntó por ese cambio. Fishback rechazó la premisa. Dijo que seguía dispuesto a desinvertir del Estado de Israel si llegaba a gobernador. Señaló que el Fondo de Pensiones de Florida presta al gobierno israelí 385 millones de dólares al año, según sus propias palabras. Pero admitió que el argumento de cierre era otro: la crisis de seguros, la educación, el modelo de desarrollo.
Dos semanas antes, Fishback había acusado falsamente a Donalds de estar bajo investigación federal por tráfico sexual. En el acto dijo que «no era nada personal». El periodista le preguntó cómo podía no serlo. La respuesta fue evasiva.
El relato se cayó solo. Los «groypers» de carne y hueso resultaron ser jóvenes con gorras y vaqueros preocupados por el coste de la vida. El candidato que iba a incendiar la derecha terminó hablando de seguros de hogar.
Eso no absuelve a Fishback. Las acusaciones falsas contra Donalds están documentadas. Los ataques racistas también. Un candidato que miente sobre un rival para ganar votos no merece crédito, sin importar cuánto afine su discurso en la recta final. La libre empresa y el orden constitucional necesitan adversarios honestos, no demagogos que ajustan el tono según el auditorio. Que el movimiento sea más ruido que sustancia no lo hace menos peligroso. Lo hace más difícil de combatir.



