El Smithsonian National Museum of American History no es ya solo un museo. Es, según documenta un recorrido de Fox News Digital, una plataforma de activismo progresista instalada en el corazón de Washington con fondos públicos.
La exhibición Entertainment Nation, dedicada al deporte, la televisión y la música, concentra buena parte del mensaje. Una vitrina celebra la protesta «Los Suns» de 2010, cuando el equipo de baloncesto Phoenix Suns desafió en cancha la ley de inmigración de Arizona. El cartel explicativo afirma que esa ley «empoderó a la policía para interrogar a cualquier persona sobre su estatus migratorio, apuntando en la práctica a cualquier persona de habla hispana con piel morena». El término que usa el museo para referirse a la comunidad latina: «Latinx».
Otra vitrina vincula una película de X-Men de 2014 al movimiento Black Lives Matter. «Mientras #BlackLivesMatter se viralizaba en el verano de 2014, una de las primeras superheroínas negras combatía la discriminación en la pantalla grande», reza el cartel. El museo también exhibe el hijab que portó la primera mujer musulmana en ganar una competencia mayor de patinaje artístico con esa prenda.
El sesgo no es solo temático: según el historiador Ginn, citado por Fox News, una exhibición del Smithsonian sobre los 250 años de América incluye tres veces más objetos de orientación liberal que conservadora. Ginn señala además una «exclusión sistémica de perspectivas conservadoras» en las curaduría del museo.
La conductora Laura Ingraham describió el fenómeno como curadores progresistas que «reescriben la historia americana a través de exhibiciones radicales».
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Que no te lo cuenten. El Smithsonian no es una institución privada que pueda hacer lo que le plazca con su dinero: es financiado en parte por el Congreso, es decir, por el contribuyente americano. Que ese aparato estatal se convierta en altavoz de una sola corriente ideológica no es pluralismo; es adoctrinamiento subsidiado.
El relato se cayó solo cuando el propio museo puso el cartel: «Latinx», BLM y X-Men en la misma vitrina. No hace falta editorializar. El problema no es que existan perspectivas sobre raza o inmigración en un museo de historia; el problema es la doble vara: tres veces más narrativa progresista que conservadora en un espacio que se presenta como la memoria colectiva de todos los americanos. Mientras el debate sobre el control del Smithsonian sigue abierto en Washington, el contribuyente sigue pagando la entrada.



