El relato se cayó solo.
Nathaniel Cullerton, socio de 45 años en Wachtell Lipton, fue captado en un TikTok viral besando a Kelsey Borenzweig, una asociada junior de 29 años. El vídeo lo costó todo: Gibson Dunn canceló su contratación. Wachtell lo puso en licencia. Ahora está siendo expulsado del bufete, según fuentes consultadas por The New York Post.
Hasta ahí, el escándalo era de Cullerton. Pero el culebrón no paró ahí.
Bill Savitt tiene 63 años. Es el litigador que interrogó a Elon Musk en el estrado durante el juicio de OpenAI en California. Es, o era, el jefe de Cullerton. Y ahora su propio nombre circula en los pasillos de Wachtell desde hace años.
Según fuentes citadas por The Post, en 2018 la socia Anitha Reddy —46 años, formada en Stanford, ex secretaria judicial de Ruth Bader Ginsburg— fue vista entrando a la habitación de hotel de Savitt durante un viaje de negocios en California. Era cerca de la hora de cenar. En otro episodio, durante un juicio en Wilmington, Delaware, varios asociados de Wachtell la encontraron de madrugada en un ascensor. Iba hacia el piso donde se alojaba Savitt. Reddy estaba hospedada en un piso distinto.
«Definitivamente había una vibra entre ellos», dijo una fuente al Post. Savitt y Reddy no respondieron a las solicitudes de comentario.
Reddy es una de los cinco socios que siguieron a Savitt en su salida masiva hacia Gibson Dunn. Cullerton iba a ser el sexto. El TikTok lo impidió.
Savitt también mantuvo una relación con otra socia de Wachtell, Sarah Eddy, de 50 años. Fuentes indicaron al Post que esa relación comenzó después de que Savitt se separara de su esposa y no violó ninguna política del bufete. Wachtell no prohíbe relaciones consensuales entre colegas. Eddy no era subordinada de Savitt. La relación terminó a finales del mes pasado, coincidiendo con la salida de ambos del bufete.
Gibson Dunn habría garantizado a Savitt 96 millones de dólares —32 millones anuales durante tres años— para ficharlo, según fuentes legales citadas por The Post. La cifra ha sido disputada por el propio bufete.
Que no te lo cuenten.
Esto no es un drama de telerrealidad. Es la élite jurídica que factura miles de millones asesorando a corporaciones, reguladores y gobiernos. La misma que predica códigos de ética y estructuras de cumplimiento. El mismo aparato que decide quién puede hacer qué en el mercado. Cuando la burocracia de alto nivel se rige por vínculos personales y jerarquías opacas, el problema no es el escándalo. El problema es lo que había debajo antes de que llegara el TikTok.



