Tres de los cuatro principales chatbots de inteligencia artificial son más propensos a caer en falsedades políticas de izquierda que de derecha. No lo dice un comentarista conservador: lo documenta un estudio de Just Facts, instituto de investigación sin fines de lucro, que probó versiones de pago de ChatGPT, Gemini, Grok y Claude con 100 preguntas sobre inmigración, aborto, cambio climático, elecciones, crimen, control de armas y COVID-19.
Los números son concretos. ChatGPT respondió correctamente el 94% de las preguntas diseñadas para provocar falsedades de derecha, pero solo el 75% de las diseñadas para provocar falsedades de izquierda. Gemini marcó 91% frente a 76%. Claude, el mejor del grupo en ese rubro, obtuvo 91% contra 81%. Solo Grok invirtió la tendencia: 73% en preguntas de derecha y 84% en las de izquierda.
El único chatbot cuya diferencia de precisión entre izquierda y derecha resultó estadísticamente significativa al nivel de confianza del 95% fue ChatGPT, según el propio estudio.
Jim Agresti, presidente y cofundador de Just Facts, fue directo con Fox News Digital: «ChatGPT fue efectivamente un estudiante de C. Gemini también. Claude fue un estudiante de B». Y añadió que el problema va más allá del sesgo político conocido: «Puedes ser sesgado sin estar equivocado. Lo que quería determinar es si están equivocados, o si están en lo correcto».
El estudio advirtió además que sus preguntas, formuladas con precisión, pudieron haber dado a los chatbots «mapas claros para encontrar las respuestas correctas», lo que significa que podrían «rendir significativamente peor» ante preguntas más amplias donde «el pensamiento crítico es necesario para responder correctamente».
Otra alarma señalada por Agresti: las fuentes que los chatbots citan para respaldar sus respuestas frecuentemente no sostienen lo que afirman, o directamente no existen.
Que no te lo cuenten. Durante años, la industria tecnológica vendió la inteligencia artificial como un oráculo neutral, una herramienta aséptica que solo procesa datos. El relato se cayó solo. Lo que estos sistemas replican no es la realidad: es el corpus ideológico con el que fueron entrenados, que en el ecosistema académico y mediático dominante tiene un sesgo bien documentado hacia la izquierda. El resultado es una burocracia algorítmica que no solo opina, sino que desinforma con apariencia de autoridad.
El libre mercado de las ideas exige fuentes verificables y pensamiento crítico. Cuando una herramienta que consultan millones de personas falla más ante falsedades de un signo que de otro, y encima cita fuentes que no existen, el problema deja de ser técnico. Es un problema de confianza, y la confianza, una vez rota, no la repara ninguna actualización de modelo.



