Irán no puede vencer militarmente a Estados Unidos. Lo sabe. Y según el ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, Teherán lo tiene perfectamente calculado.
En una entrevista con John Catsimatidis en el programa de radio «Cats Roundtable», Gingrich trazó una comparación directa entre la estrategia iraní y la que empleó Vietnam del Norte contra Washington décadas atrás: «Los norvietnamitas sabían que nunca podrían derrotarnos militarmente, pero sí podían derrotarnos políticamente».
El manual es el mismo. Desgastar a la opinión pública, voltear a los medios contra el esfuerzo bélico y esperar a que el sistema político se quiebre solo. Según Gingrich, Irán «se está enfocando en intentar ganar en América políticamente lo que no puede ganar militarmente».
El cálculo de Teherán, según el ex legislador, pasa por una apuesta concreta: que los demócratas recuperen el Congreso en noviembre. Si eso ocurre, una avalancha de investigaciones contra Trump lo mantendría distraído y debilitado, alejándolo de sus objetivos militares. La burocracia del Capitolio como arma de guerra. No es metáfora.
Mientras tanto, los efectos del conflicto ya se sienten en el bolsillo de los estadounidenses. Irán ha generado caos en el Estrecho de Ormuz, por donde antes fluía casi una quinta parte del suministro mundial de petróleo por vía marítima, lo que ha disparado los precios de la gasolina de cara a las elecciones de medio término.
Trump, por su parte, ha descartado una invasión terrestre y conduce la guerra mediante una campaña aérea, un bloqueo naval y un régimen de sanciones que, según la Casa Blanca, está provocando inflación severa y dolor económico en Irán. El presidente también ha declarado que su equipo está «semi-negociando» con Teherán mientras el Pentágono acelera la producción de misiles de defensa aérea y crucero.
En un mitin en Long Island la semana pasada, Trump fue más lejos: «Después de terminar de derrotar a Irán, que está siendo muy mal derrotado, pronto declararé el Estrecho de Ormuz territorio de los Estados Unidos». También sostuvo que el alza temporal en los precios del combustible vale la pena para impedir que el régimen islámico obtenga un arma nuclear.
Que no te lo cuenten. El frente real de esta guerra no está en el Golfo Pérsico: está en las urnas de noviembre y en los titulares de los grandes medios. Irán no necesita un misil que llegue a Washington; necesita que la izquierda demócrata llegue al Congreso. Gingrich lo dice sin rodeos, y los datos sobre el caos en Ormuz y el alza en los surtidores le dan la razón. La pregunta no es si Trump puede derrotar a Irán militarmente. La pregunta es si el aparato político interno se lo permitirá.



