Más de 140 artículos de investigación de Harvard fueron coautorados con universidades chinas conocidas como los «Siete Hijos de la Defensa Nacional». Así lo documenta un informe del Comité Selecto de la Cámara sobre el Partido Comunista Chino, citado por Fox News. El Pentágono y otras agencias identifican esas instituciones como piezas centrales de la modernización militar de Beijing.
Los números no mienten. Datos del Departamento de Educación incluidos en el informe muestran que Harvard recibió más de 600 millones de dólares de China bajo las reglas de divulgación de donaciones extranjeras de la Sección 117. Más que cualquier otra universidad estadounidense.
El presidente del comité, el representante Moolenaar, fue directo: «Harvard ha cometido errores graves y debe actuar ahora para evitar más». Señaló dos problemas concretos: permitir violencia contra manifestantes anti-China y colaborar con entidades vinculadas al Ejército Popular de Liberación.
Los ejemplos son concretos. Un artículo de 2023 sobre robots blandos para exploración en aguas profundas incluyó a un investigador de la Universidad de Beihang. Esa institución figura en la Lista de Entidades del Departamento de Comercio desde 2001. Harvard calificó el proyecto como investigación no militar. El comité señaló sus posibles aplicaciones en detección submarina.
Otro artículo del mismo año involucró a un investigador de la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa de China, también en lista restringida. Ese estudio sobre materiales magnéticos reconoció apoyo parcial de la Oficina de Investigación del Ejército de EE. UU. Dinero del contribuyente estadounidense financiando investigación con la academia militar china.
Hay más. El informe examina el programa de educación ejecutiva de Harvard con la Administración Nacional de Seguridad Sanitaria de China. Registros de asistencia vincularon a funcionarios del Cuerpo de Producción y Construcción de Xinjiang, conocido como XPCC. El Departamento del Tesoro sancionó al XPCC en 2020 por abusos contra los uigures. La profesora Yip, quien organizó el programa, declaró a los investigadores que desconocía que el XPCC era una entidad sancionada y que no había recibido capacitación en cumplimiento de sanciones.
Harvard respondió que «comparte la preocupación del comité sobre los riesgos geopolíticos» y que sigue los estándares de seguridad nacional fijados por el gobierno federal. También rechazó lo que llamó «caracterizaciones erróneas» sobre su historial de cumplimiento.
El comité recomendó prohibir relaciones de investigación con entidades en listas restringidas y centralizar la supervisión de seguridad en la universidad.
Esto no es un accidente burocrático. Es el resultado lógico de décadas de ingenuidad institucional —o algo peor— en las élites académicas. Harvard cobró 600 millones de dólares de Beijing y miró hacia otro lado mientras sus laboratorios producían conocimiento útil para el aparato militar chino. La doble vara es perfecta: la misma universidad que predica valores progresistas en sus campus entrenó funcionarios de una entidad sancionada por abusos contra minorías étnicas.
El contribuyente estadounidense merece saber que parte de ese dinero también fluyó hacia investigaciones con aplicaciones militares potenciales. Que no te lo cuenten como un malentendido administrativo. Es una falla sistémica. Y el Congreso tiene razón en exigir reformas.



