Zoey Aldahash lo intentó por las vías oficiales. En 2024, un grupo de cinco personas se fue de su restaurante Sweet Zoey Mediterranean, en Casper, Wyoming, sin pagar. Llamó a la policía. No pasó nada.
En mayo de este año, la historia se repitió. Una familia de cuatro personas —un hombre, una mujer y dos adolescentes— consumió aperitivos, bebidas, postres y platos principales. Cuenta total: $130. Luego, según Aldahash, los cuatro se levantaron al mismo tiempo, caminaron hacia la puerta y corrieron al coche.
«Comieron todo: aperitivos, bebidas, dulces, platos principales, todo», declaró Aldahash al medio Cowboy State Daily. «Estas personas vinieron aquí con la intención de robar».
Esta vez, Aldahash no llamó a la policía. Publicó las imágenes en Facebook.
«En mi experiencia anterior, llamar a la policía no funcionó. No hubo ayuda, así que no los contacté la segunda vez», explicó la propietaria.
La reacción de la comunidad fue inmediata. Varios vecinos respaldaron la decisión. Un usuario escribió: «¡Qué asco! Que sus fotos estén por todas partes para que los prohíban en todos lados». Otro cliente ofreció cubrir $65 de la cuenta como gesto de solidaridad.
No faltó la voz institucional. Rebekah Ladd, oficial de información pública del Departamento de Policía de Casper, advirtió que las publicaciones en redes sociales «pueden llevar a acusaciones infundadas, identificaciones erróneas o acoso», y que publicar imágenes «típicamente no es la táctica más apropiada al inicio de una investigación». Señaló además que se debe tener especial cautela cuando hay menores involucrados.
La familia no ha sido identificada ni detenida.
---
El caso de Aldahash es pequeño en cifras, pero enorme en lo que revela. Una empresaria inmigrante que construyó un negocio con su propio esfuerzo —conocido por su baklava y sus kebabs— recurrió al aparato estatal y recibió indiferencia. Cuando tomó el asunto en sus manos, la misma institución que no resolvió el robo salió a advertirle sobre los riesgos de su método.
Eso es la doble vara en su versión más cotidiana: el Estado ausente para proteger a quien produce, pero presente para corregir a quien se defiende. Aldahash no pidió justicia perfecta; pidió que alguien respondiera. La comunidad lo hizo. La burocracia, no. Que no te lo cuenten.



