Brittany Boltinhouse tenía 27 años y acababa de ganar Miss Carolina del Norte USA. Cinco semanas después, le arrancaron la corona. Ahora la demanda es un hecho.
Sus abogados presentaron el domingo una demanda por difamación contra A-Blaize Productions y el presidente de Miss USA, Brodeur. Los acusan de «coordinar maliciosamente para publicar una narrativa falsa» que la retrataba como racista, homófoba e intolerante. Eso dice la demanda, vista por The New York Post.
El detonante oficial fueron publicaciones en redes sociales de 2017 a 2019. Contenían una palabra racial. Pero la demanda señala algo clave: esas publicaciones solo se convirtieron en problema después de que Boltinhouse ganó el título. No antes.
Sus padres son hispanos. La demanda describe su trayectoria como «ética de trabajo de inspiración inmigrante». Y afirma que los organizadores usaron esas publicaciones antiguas para destruirla. No por racismo real. Sino por sus convicciones.
El documento es directo: «Los organizadores ocultaron al público el verdadero motivo por el que destronaron a Brittany: es una cristiana conservadora».
Los hechos que la demanda enlista son concretos. Estuvo presente en el discurso del presidente Trump en el National Mall el 6 de enero de 2021. Expresó apoyo a Andrew y Tristan Tate. Publicó su rechazo a la proclamación del «Día de Visibilidad Transgénero» de Biden en 2024. Y llamó a votar por Trump en la víspera de las elecciones de noviembre de 2024.
Hay más. Según la transcripción de una llamada grabada del 5 de agosto, el codirector del certamen, Nic Blaize, le dijo: «Brittany, estás siendo destronada por la totalidad de cada cosa en conjunto». En esa misma llamada reconoció que «la oficina nacional les ordenó hacer una declaración».
Los organizadores también intentaron que Boltinhouse firmara una declaración preescrita. Ella se negó. El texto la hacía asumir responsabilidad por «palabras y acciones» pasadas. Nunca la firmó.
A-Blaize Productions negó que la decisión se basara en creencias políticas o religiosas. Dijo que siguió «una revisión cuidadosa de la totalidad de la información». Boltinhouse busca compensación económica. Myla Hadley asumió la corona.
Esto no es un escándalo de belleza. Es el patrón de siempre: una institución privada presionada desde arriba, un relato fabricado para consumo público y una persona que se niega a firmar la confesión que le pusieron enfrente. La burocracia del certamen no destronó a una racista. Según su propia demanda, destronó a una mujer que no encajaba en el molde ideológico. El relato se cayó solo cuando apareció la grabación. Que no te lo cuenten.



