Massachusetts ya no tiene límite de semanas para el aborto. La gobernadora Maura Healey firmó el lunes la llamada Prioritizing Patient Access to Care Act. Con eso, eliminó la restricción anterior que prohibía el procedimiento después de las 24 semanas de gestación.
El estado se convierte así en el décimo de la unión en suprimir todo límite gestacional. Se suma a Alaska, Colorado, Maryland, Michigan, Minnesota, Nueva Jersey, Nuevo México, Oregón y Vermont, más el Distrito de Columbia.
Bajo la nueva ley, los trabajadores de salud tendrán mayor discreción para practicar abortos tardíos sin enfrentar sanciones legales. Healey argumentó que la medida busca evitar que familias con complicaciones médicas graves deban viajar fuera del estado. Mencionó complicaciones de salud materna y diagnósticos fetales letales como justificación.
La gobernadora también enmarcó la firma como un «escudo» frente a las políticas del presidente Donald Trump y los republicanos en el Congreso. «No importa lo que hagan Trump o los republicanos», dijo Healey, Massachusetts garantizará el acceso al procedimiento. La ley entra en vigor en 90 días.
Desde el otro lado, la presidenta de SBA Pro-Life America, Marjorie Dannenfelser, condenó la norma. La calificó de «atroz». Señaló que los abortos tardíos pueden implicar desmembramiento del feto. «Decenas de miles de estadounidenses no nacidos son desmembrados miembro a miembro cada año», afirmó según la fuente. Dannenfelser también advirtió que ese número aumentará con esta ley. Pidió al Partido Republicano abandonar la postura de «dejarlo a los estados» y avanzar hacia protecciones nacionales.
SBA indicó además que Estados Unidos es uno de solo ocho países en el mundo que permiten el aborto en cualquier punto del embarazo. Los otros siete, según la organización, son Australia, Canadá, China, Guinea-Bisáu, México, Corea del Sur y Vietnam.
Que no te lo cuenten. Lo que Healey vendió como una medida de salud es, en los hechos, la eliminación de toda protección legal para la vida no nacida en Massachusetts. Sin semanas. Sin criterio objetivo. Solo discreción médica sin límite legal. El aparato estatal celebró con aplausos. Nadie preguntó quién paga ni qué principio se entierra. El relato de la «salud» hace el trabajo pesado. Y mientras tanto, el debate nacional que los progresistas dicen querer evitar se vuelve inevitable: cuando un estado no pone ningún límite, la presión sobre el resto crece. Eso no es federalismo. Es una carrera hacia abajo.



