Oakland, California. Madres con fotos de sus hijos. Un cartel blanco con casi 600 nombres. Así arrancó el juicio más importante que enfrenta Meta en su historia.
Adentro del tribunal federal, 29 estados —encabezados por California— acusan a la empresa de diseñar Facebook e Instagram para mantener a los menores enganchados. Y de mentirle al público sobre los riesgos.
La fiscal adjunta de California, Megan O'Neill, lo resumió sin rodeos ante el jurado de ocho personas: el modelo de negocio de Meta era «enganchar a los usuarios, retenerlos el mayor tiempo posible, cosechar sus datos y ocultar la verdad al público». Y agregó: «Funcionó especialmente bien con los niños».
Afuera, Mary Rodee esperaba con la foto de su hijo Riley Basford, 15 años. Murió por suicidio en 2021 tras ser víctima de un depredador en Facebook. «Lo llaman suicidio espontáneo», dijo Rodee a Reuters. «Yo lo llamo lo que fue: el resultado predecible de un sistema que protege a las corporaciones en vez de a los niños».
Shannon Heacock, madre de Kentucky, contó que su hijo Elijah, de 17 años, murió por suicidio tras caer en una trampa de sextorsión. Según Heacock, los depredadores lo siguieron de TikTok a Instagram y usaron su historial en redes para conocer su vida. «Mi hijo no se quitó la vida», dijo. «A mi hijo lo mataron».
El primer testigo de los estados fue Arturo Bejar, exingeniero de seguridad de Meta. Declaró que «muévete rápido y rompe cosas» era el mantra de la empresa. Y que la seguridad era, muchas veces, una ocurrencia tardía. «Muchos productos fueron lanzados al mundo», dijo sobre Reels, «y la seguridad no fue una consideración en su despliegue inicial».
Meta rechazó los cargos. Su abogado Paul Schmidt admitió que algunos usuarios tienen problemas con las plataformas. Pero sostuvo que la empresa no cree que sus productos sean peligrosos. «No creen que les vaya bien si a la gente no le gusta su servicio», argumentó.
Las consecuencias son enormes. Meta advirtió que las multas podrían alcanzar 1,4 billones de dólares si pierde. Los estados también exigen cambios estructurales: eliminar los «me gusta» y el scroll infinito, imponer límites de tiempo a usuarios jóvenes y reforzar las restricciones para menores de 13 años. El juicio durará seis semanas. Se espera que Zuckerberg y el jefe de Instagram, Mosseri, testifiquen.
Lo que está en juego va más allá de Meta. Es la pregunta que el mercado y la sociedad llevan años evitando: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de una plataforma por el daño que su diseño produce? La libre empresa no es impunidad. Una empresa que conoce el daño, lo oculta y lo optimiza no está compitiendo: está defraudando. Si los hechos que alegan los estados se prueban, el veredicto no será solo contra Meta. Será contra la idea de que el crecimiento de usuarios justifica cualquier cosa.



