Una jaguar negra llamada Samba murió tras ser mordida por una serpiente de cascabel. Tenía entre 14 y 15 años. Había nacido en el propio santuario Project Survival Cat Haven, en Dunlap, California, a las afueras de Fresno.
El personal encontró marcas de punción en su pata. La pata izquierda y la pierna estaban inflamadas. La trasladaron de urgencia a una clínica veterinaria.
«Le administramos dos viales de antídoto», declaró Dale Anderson, director ejecutivo del santuario, al California Post. Las dosis parecieron ayudar al principio. Samba no sobrevivió.
Anderson la describió como «una gran felina». «La criamos a mano. Era uno de los cachorros de jaguar más dulces que hemos tenido», explicó. El santuario publicó imágenes de Samba en urgencias, antes y después de su muerte.
Samba es el segundo felino mordido por una serpiente en el santuario este año. Según Anderson, en los últimos cinco años solo se registraba una mordida anual. Cuando atrapan serpientes, las reubican dentro de los terrenos. «Somos un centro de conservación. No quiero matar serpientes porque viven aquí», dijo Anderson a KMPH.
El caso no es aislado. California va camino de registrar un 20% más de mordidas de cascabel este año. Una primavera inusualmente cálida sacó a las serpientes de la hibernación antes de lo normal, según las autoridades. En mayo, una víctima en Oroville necesitó todo el suministro de antídoto de un hospital tras recibir dos mordidas. En julio, una residente del Valle de Santa Clarita fue mordida mientras cuidaba sus rosales. Hace poco, una mujer del condado de Los Ángeles fue hospitalizada después de que una cascabel agresiva la mordiera y atacara también a su gato.
Se realizará una necropsia para confirmar la causa oficial de la muerte. Los resultados están pendientes.
Que no te lo cuenten. La historia de Samba es la de un animal criado con cuidado durante más de una década, muerto por una variable que ningún protocolo de conservación puede eliminar del todo: la naturaleza misma. El santuario eligió no matar las serpientes. Es una postura coherente con su misión. El resultado fue trágico de todas formas.
Lo que sí merece atención es la tendencia más amplia. Un aumento del 20% en mordidas de cascabel en un solo año no es ruido estadístico. Es una señal. Las autoridades californianas tienen datos. La pregunta es si los ciudadanos recibirán información clara y oportuna, o si el aparato burocrático esperará a que el problema escale para reaccionar.



