Un bebé llamado Gabriel nació en el área de Dallas. Su madre subrogada, McKenna West, enfermera de Alaska, lo trajo al mundo contra la voluntad de los padres biológicos. Esos padres son Nausheen Gilkar y Omar Ahmed. Ellos querían que West abortara al bebé.
El diagnóstico llegó a las 20 semanas: hipoplasia del ventrículo izquierdo, una malformación cardíaca congénita. Según New York-Presbyterian, la condición requiere intervención quirúrgica. La tasa de supervivencia hasta los 5 años es del 72%. De quienes superan esa marca, el 90% llega a los 18 años.
Gilkar y Ahmed alegan que West aceptó en un principio. Que incluso agendó la cita. Luego cambió de opinión, cortó el contacto y se fue a Texas. Su abogado, Lincoln Wilson, lo describe distinto: West sintió que le pedían hacer algo «fundamentalmente ofensivo» contra el niño que llevaba dentro.
Texas tiene una particularidad legal. Quien da a luz en ese estado es reconocida como madre. West lo sabía. El fiscal general Ken Paxton también actuó. Notificó formalmente al UT Southwestern Medical Center y al Children's Medical Center de Dallas sobre su obligación legal de proveer «atención médica necesaria para salvar la vida» del bebé al nacer.
Un juez de Dallas ordenó el martes que el niño recibiera tratamiento al nacer. El mismo juez concedió a Gilkar y Ahmed una orden de restricción temporal contra West. Esa orden le prohíbe tomar decisiones médicas. Le impide presentarse como madre. No pudo ver ni cargar al bebé.
El hospital donde se realizará la primera cirugía tiene una tasa de éxito del 100% en el procedimiento, según reportó Fox News. Wilson confirmó que la primera intervención será la llamada «cirugía de Norwood». Será la primera de tres.
Los abogados de Gilkar y Ahmed llaman a todo esto «teatro político». Wilson, por su parte, compara las cláusulas de aborto forzado en contratos de subrogación con «contratos de sicariato». Dice que la ley no los ejecuta. Que West piensa llevar la batalla hasta la Corte Suprema.
Una corte de California ya reconoció a Gilkar y Ahmed como padres legales. Wilson considera ese fallo «nulo». El choque jurisdiccional está servido.
Aquí hay algo que el relato progresista no puede procesar con comodidad. Una mujer eligió no abortar. Usó las leyes disponibles. Cruzó a un estado donde esas leyes la protegían. Y un bebé vive.
El Estado de Texas no impuso nada. Respondió a una petición. Eso es exactamente lo que debe hacer el aparato estatal: proteger la vida cuando nadie más lo hace. Que no te lo cuenten de otra manera.



