El mercado no perdona. Las acciones de Nike tocaron esta semana su nivel más bajo en 12 años, con una caída de casi 80% desde el máximo histórico de 177,51 dólares que la compañía registró en 2021. El desplome borró cerca de 200 mil millones de dólares en valor de mercado.
El senador Ted Cruz, republicano por Texas, no desaprovechó el momento. Respondió en X a una publicación del influencer conservador Douglass Mackey que enumeraba las razones del hundimiento bursátil, y recordó su propio boicot a la marca, iniciado años atrás.
«Triste y predecible», escribió Cruz. El senador explicó que Kaepernick ya lo había irritado, pero que la decisión de cancelar el tenis temático de la bandera Betsy Ross fue la gota que derramó el vaso. «Mostró que su plan de mercadeo era odiar a América», afirmó. «Salí y compré zapatos nuevos, shorts, camisetas. Resultó que no era el único. #GoWokeGoBroke».
El episodio de la zapatilla Betsy Ross data de 2019. Nike tenía planeado lanzar el modelo para el 4 de julio, con el diseño de la bandera revolucionaria de 13 estrellas en círculo. Según reportes, el exquarterback de la NFL Colin Kaepernick —quien se hizo conocido por arrodillarse durante el himno nacional en protesta contra la brutalidad policial— instó a la empresa a retirar el producto, argumentando que la bandera había sido adoptada por grupos nacionalistas blancos. Nike acató y emitió un comunicado señalando que retiró el calzado por «preocupaciones de que pudiera ofender involuntariamente y restar valor al feriado patriótico de la nación».
La decisión encendió un boicot entre consumidores conservadores que Cruz encabezó públicamente. Seis años después, el mercado parece haberle dado la razón aritmética.
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Que no te lo cuenten. Lo que está en juego aquí no es solo el precio de una acción: es la lección más cara del activismo corporativo. Nike no perdió 200 mil millones de dólares por mala suerte ni por competencia china; los perdió después de decidir que sus clientes tradicionales eran el problema y que el aplauso de ciertos círculos culturales valía más que la lealtad de quienes compraban sus zapatillas desde la infancia.
La libre empresa funciona en ambas direcciones: las marcas tienen todo el derecho de tomar posiciones políticas, y los consumidores tienen todo el derecho de irse. Cruz lo dijo en 2019 y el mercado lo confirmó en 2025. La doble vara del activismo corporativo tiene un costo, y esta semana ese costo quedó impreso en el ticker.



