Una profesora de matemáticas de la Universidad de California en Berkeley encendió las alarmas sobre el estado real de los estudiantes que ingresan al sistema universitario tras años de políticas de admisión «test-blind» impulsadas por razones ideológicas.
«Tres días a la semana me paro frente a salones con 500 a 1.400 estudiantes. Para la segunda semana del semestre ya sé quién está en problemas», escribió la profesora Zvezdelina Stankova en un artículo de opinión publicado en el San Francisco Standard.
El diagnóstico es contundente: algunos estudiantes llegan con cinco a ocho años de retraso en matemáticas. Las horas de oficina que deberían dedicarse a discutir integrales se convierten en clases remediales de fracciones y álgebra básica de nivel secundaria.
Los números no mienten
Stankova presentó datos concretos que ilustran el colapso. Entre 2018 y 2020, el 71% de aproximadamente 2.200 estudiantes evaluados en Cálculo I fueron considerados listos o casi listos. Solo el 0,14% mostró niveles por debajo del álgebra básica.
Tras la eliminación de los exámenes estandarizados, el panorama cambió radicalmente: entre 2021 y 2023, solo el 51% de cerca de 2.800 estudiantes evaluados estaba preparado o casi preparado. En 2023 esa cifra cayó al 44%. Y un dato que debería avergonzar a los arquitectos de esta política: el 17% de los estudiantes no respondió correctamente ninguno de los ocho temas evaluados.
Quién tomó la decisión y por qué
Fue la entonces presidenta de la UC, Janet Napolitano —quien también sirvió en la administración Obama— quien lideró en 2020 la eliminación progresiva del SAT y el ACT, en parte por preocupaciones de «equidad». Desde entonces, según Stankova, los oficiales de admisiones tienen prohibido considerar la única medida estandarizada que ofrecía un punto de comparación común entre los miles de institutos de California.
Stankova y miles de profesores de los diez campus del sistema UC han firmado cartas abiertas exigiendo la restitución de las pruebas estandarizadas en el proceso de admisión.
El relato se cayó solo
Esto es lo que ocurre cuando la burocracia universitaria antepone el relato ideológico al rigor académico: los estudiantes pagan el precio. No los funcionarios que tomaron la decisión, no los activistas que aplaudieron la medida, sino los jóvenes que llegan a la universidad creyendo que están listos y descubren que el sistema les falló desde antes de entrar.
Eliminar una métrica objetiva en nombre de la «equidad» no niveló el campo de juego: lo hundió. Y los que más pierden son precisamente los estudiantes a quienes se pretendía ayudar, que ahora enfrentan material universitario sin las herramientas para abordarlo. Eso no es justicia social. Es negligencia institucional con nombre y apellido.



