Seis años. Eso tardó en aparecer el grabado «Torero» de Pablo Picasso que alguien robó en 2018 de la galería DeLind Fine Art Appraisals, en Milwaukee. La semana pasada, la policía llamó al propietario, Bill DeLind, para pedirle que identificara una obra que un casero local había hallado al limpiar un apartamento desocupado.
DeLind la reconoció de inmediato. La pegatina de su galería seguía pegada en el reverso del marco, exactamente donde la había colocado en 2018. «Era mía, sin duda», dijo. «Volvió al punto de partida».
El casero Tim Dertz contó a la cadena WISN-TV que encontró el grabado mientras vaciaba el apartamento de un inquilino que había sido desalojado. «Estaba en un lugar extraño, colgado en la pared», declaró Dertz. «Parecía llevar allí mucho, mucho tiempo porque tenía una capa enorme de polvo encima». Un amigo anticuario al que se lo mostró lo identificó como un Picasso y lo relacionó con el robo denunciado por DeLind en 2018.
La obra es una de las 30 copias firmadas conocidas de «Torero». En el año del robo fue tasada entre 35.000 y 50.000 dólares; DeLind estima que el valor no ha cambiado mucho, aunque la historia que ahora carga podría acercarlo al extremo superior de esa horquilla.
El Departamento de Policía de Milwaukee confirmó por correo electrónico que el plazo de prescripción para robo y delitos contra la propiedad es, en general, de seis años, pero que el caso sigue bajo investigación. La portavoz del FBI en Milwaukee, Caroline Clancy, declinó hacer comentarios. El grabado permanece en poder de la policía mientras el cliente que lo había entregado en consignación resuelve el asunto con su aseguradora.
DeLind recordó que su exsocio, fallecido en febrero, nunca superó el golpe del robo: cada año, en la fecha del aniversario, llamaba a la policía para pedir que volvieran a difundir el caso con la esperanza de recuperar la pieza. «Se habría puesto eufórico», dijo DeLind. «Para él era especial».
El caso ilustra algo que la burocracia suele ignorar: la propiedad privada no prescribe en la conciencia de quien la pierde. Un casero con sentido común, un anticuario con ojo y una pegatina que nadie despegó bastaron para cerrar en seis años lo que el aparato oficial no resolvió. Que no te lo cuenten.



