Bernie Sanders quiere una moratoria. Sin nuevos centros de datos de inteligencia artificial. Dice que el 75% de los estadounidenses lo apoya.
El senador republicano Tim Sheehy no tardó en responder. Lo llamó exactamente lo que es.
«Primero mataron nuestros aserraderos, luego nuestras minas, luego nuestras fábricas. Ahora los centros de datos», escribió Sheehy. «Cada fuente de empleo bien pagado de clase media ha sido asesinada sistemáticamente por el lobby globalista y comunista en América, enviando esos empleos, esa industria y todo su impacto económico al extranjero».
No es retórica vacía. Es un patrón documentado.
El presidente del Comité de Energía y Comercio de la Cámara, el representante Brett Guthrie, ya había encendido la alarma. Según investigadores del Congreso y reportes de organismos de seguridad, entidades vinculadas al Partido Comunista Chino canalizan dinero a través de redes de organizaciones sin fines de lucro. Despliegan ejércitos de bots. Fabrican indignación falsa sobre facturas de servicios y consumo de agua. El objetivo: convencer a comunidades locales de bloquear la construcción de centros de datos.
«Nuestra nación está en una carrera con China para liderar el desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial», advirtió Guthrie. «El hecho de que entidades respaldadas por el Partido Comunista Chino puedan estar intentando influir en decisiones relacionadas con la infraestructura de centros de datos estadounidenses pone en perspectiva la gravedad de esta batalla».
Los números desmienten el relato verde. El Instituto Goldwater señala que todos los centros de datos del país juntos consumen menos del 0,05% del agua dulce de Estados Unidos. Una fracción mínima frente al riego agrícola. Además, en el condado de Loudoun, Virginia, las instalaciones de servidores generan decenas de millones en impuestos a la propiedad. Cada dólar gastado en servicios públicos produce aproximadamente 26 dólares en ingresos municipales. Y los desarrolladores tecnológicos pagan las mejoras de infraestructura local. No las familias trabajadoras.
Aun así, la gobernadora demócrata de Nueva York, Kathy Hochul, bloqueó permisos locales para centros de datos mientras su administración elabora nuevas regulaciones.
Sheehy lo resume sin rodeos: «Todo político que pide el fin de los centros de datos también pide la destrucción de los empleos futuros que crean y el fin de Netflix, X, YouTube, Instagram, Spotify, Google, Amazon y cada aplicación que realmente usas. Todos funcionan con centros de datos».
Aquí está el principio en juego. La burocracia progresista, con o sin ayuda exterior, tiene un talento especial para destruir exactamente lo que produce riqueza real. Primero regula. Luego paraliza. Luego lamenta la desigualdad que ella misma fabricó. El libre mercado construye la infraestructura del futuro. El aparato estatal, con sus moratorias y sus nuevas reglas, la entierra. Que no te lo cuenten.



