Un senador estatal demócrata de Nueva York viajó a Santo Domingo. Allí habló con EFE. Y dijo lo que los suyos repiten en cada micrófono disponible.
Luis R. Sepúlveda, que representa al distrito 32 de El Bronx, afirmó que Donald Trump es «el presidente más corrupto que hemos visto en nuestra nación». Agregó que va camino a «convertirse en un dictador, si no lo paramos». Son sus palabras, no las nuestras.
Sepúlveda apuntó que Trump «no respeta el Congreso» ni «la Constitución». Señaló que el mandatario se ha enriquecido en el cargo de una forma «que nunca se había visto». Mencionó también al hijo del presidente y a su cuñado, a quienes acusó de hacer negocios en varios países. No aportó cifras ni documentos. Solo el señalamiento.
Sobre la Corte Suprema, el legislador sostuvo que le ha dado a Trump protección para que, al salir del poder, no pueda ser acusado de delitos federales por «fraude» y «corrupción». Esa es su lectura del fallo. Otros constitucionalistas la disputan.
En materia migratoria, Sepúlveda criticó las operaciones del ICE. Aseguró que solo el 4 % de los indocumentados arrestados para deportación han cometido crímenes mayores. Esa cifra es suya. No cita fuente.
Sobre la economía, afirmó que la inflación está en 4,2 %. Dijo que la comida cuesta entre un 20 y un 30 % más que en «el último gobierno demócrata». Atribuyó el alza de combustibles a «la guerra contra Irán». Predijo que el Partido Republicano perderá el Senado y las elecciones de 2028.
Sepúlveda representa a miles de dominicanos y puertorriqueños en El Bronx. Se ha caracterizado por oponerse a las políticas del ICE. Eso explica el destino del viaje y el tono del mensaje.
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Que no te lo cuenten. Un legislador estatal —no federal, estatal— viaja al Caribe a llamar dictador a su presidente ante una agencia de noticias. El gesto lo dice todo sobre la estrategia demócrata: exportar el relato cuando el mercado interno ya no lo compra tan fácil.
Las acusaciones de corrupción son de Sepúlveda, no hechos probados. El ángulo real está en otra parte: la oposición necesita audiencias nuevas porque las propias se le complican. Mientras tanto, Trump gobierna con mandato electoral vigente, el ajuste arancelario sigue en pie y el debate sobre quién maneja mejor la economía se dirimirá en las urnas. No en Santo Domingo.



