Que no te lo cuenten.
En un panorama donde los estudios compiten por ver quién deconstruye mejor al hombre de la casa, llega «The End of Oak Street» y hace exactamente lo contrario. El director David Robert Mitchell traslada a una familia suburbana americana al período Cretácico —hace unos 66 millones de años— y convierte esa premisa absurda en un thriller de supervivencia que, según la crítica, supera a cualquier secuela reciente de «Jurassic Park».
La familia Platt vive en una subdivisión de cul-de-sacs y jardines perfectos. Denise, interpretada por Anne Hathaway, sonríe en las barbacoas vecinales mientras escribe en secreto una novela de fantasía en el sótano. Su marido Greg, a cargo de Ewan McGregor, reparte pizzas después del trabajo y acumula fricciones domésticas con ella. El matrimonio cruje. Hasta ahí, podría ser cualquier drama indie sobre la clase media.
Luego aparece una planta supuestamente extinta en el jardín del vecino, y el barrio entero —homeowners association incluida— se encuentra de golpe en el Cretácico, rodeado de raptores carnívoros con apetito por la carne suburbana. Miembros arrancados y torsos cercenados, según la reseña. Mitchell no suaviza la violencia.
Lo que distingue a la película, más allá del espectáculo, es el arco de Greg. Cuando escucha un grito en la oscuridad, toma una linterna y sale. «Alguien podría necesitar ayuda», le dice a su hija. La familia lo observa asumir ese rol y, según la crítica, el film trata esas cualidades —coraje, juicio, protección— con admiración, no con vergüenza. Denise y los hijos se estabilizan precisamente porque Greg actúa como si sobrevivir fuera posible.
El compositor Michael Giacchino firma la banda sonora, descrita como una partitura original que recorre «toda la gama de la emoción humana» al estilo de John Williams. La dirección de Mitchell mezcla la Americana de John Hughes con el suspenso de Spielberg en sus mejores años ochenta.
El resultado, en palabras del crítico Harry Khachatrian para el Washington Examiner, es «tan tradicional como puede serlo una película de Hollywood».
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Ahí está la paradoja que el relato cultural dominante prefiere ignorar: cuando un estudio apuesta por un padre competente, valiente y necesario para su familia, la audiencia responde. No porque sea propaganda, sino porque es verdad humana que el cine lleva años enterrando bajo capas de burocracia ideológica y maridos-payaso de comedia familiar.
«The End of Oak Street» no predica. Simplemente muestra a un hombre que decide proteger a los suyos y a una familia que sobrevive porque él lo hace. Que eso parezca revolucionario en 2025 dice más del estado del cine que de la película misma.



