Donald Trump restó importancia a los múltiples intentos de asesinato en su contra durante una entrevista con su exabogado Michael Cohen, publicada el domingo. La respuesta fue tan directa como característica: «Si lees la historia, solo los presidentes consecuentes reciben disparos».
Cohen, quien fuera testigo clave en dos casos judiciales contra Trump en Nueva York y uno de sus críticos más encendidos, publicó la segunda parte de la conversación en la que ambos abordaron, entre otros temas, los reportes de que Trump abordó en secreto un avión militar diferente al previsto ante una amenaza iraní creíble contra su vida.
«Estoy tan asqueado por esos intentos», dijo Cohen. «Hay una enorme diferencia entre disentir vehementemente de una política y tratar literalmente de asesinar al presidente de los Estados Unidos».
Trump respondió con ironía: «Lo único que diría es que, si lees, solo los presidentes consecuentes reciben disparos». Cohen le replicó: «Entonces hazme un favor: no seas consecuente». Trump contestó: «Ya sé. Quizás tendré que volverme menos consecuente».
El presidente reconoció que su trabajo es «peligroso» pero afirmó tener «gente extraordinaria» cuidándolo. Añadió que la situación «se ha vuelto mucho, mucho más difícil con los años» y contrastó su realidad con la de mandatarios que, según él, no generan el mismo nivel de amenaza: «Los presidentes no consecuentes llevan una vida mucho más tranquila. Puedes verlo con algunos de nuestros presidentes recientes, donde nunca se pensó en nada».
Cohen, quien detalla en un post de Substack el reencuentro —su primera conversación pública en casi una década— subrayó la importancia del perdón pese a las críticas que recibió por conceder la entrevista.
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Que no te lo cuenten. La imagen de un presidente que bromea sobre los atentados contra su vida no es frivolidad: es el retrato de alguien que ha normalizado una amenaza que, en cualquier otra democracia occidental, habría paralizado el debate público durante semanas. Tres intentos documentados, un desvío de ruta por amenaza iraní, y el tema apenas ocupa titulares fuera de la órbita conservadora.
El relato progresista lleva años construyendo una narrativa de Trump como amenaza a la democracia. Pero cuando el peligro va en dirección contraria —cuando es el presidente electo quien esquiva balas— la indignación institucional brilla por su ausencia. Otra vez la doble vara.



