La administración Trump no se conforma con los aranceles. Va por los que los burlan.
Un informe publicado el jueves por la Oficina de Política Comercial y Manufacturera de la Casa Blanca acusa a decenas de países de integrar la «red de transbordo clandestina» de China. El mecanismo es conocido: mercancías chinas transitan por terceros países para llegar a Estados Unidos sin pagar los aranceles correspondientes.
La empresa Exiger estimó en 75 mil millones de dólares el valor de esas mercancías transbordadas ilegalmente entre febrero de 2025 y febrero de 2026. La pérdida en ingresos arancelarios para el fisco estadounidense: entre 19 mil y 34 mil millones de dólares en ese período.
El informe, atribuido a la oficina del asesor Navarro, identifica más de 40 países con alto riesgo de transbordo ilegal. La lista arranca cerca de casa: México y Canadá aparecen como «principales facilitadores» en las fronteras terrestres. También figuran la Unión Europea, India, Japón, Corea del Sur, Indonesia, Tailandia, Brasil y Malasia.
«Esto es básicamente una advertencia al mundo: no intenten engañar a Estados Unidos», dijo Navarro a Bloomberg Television.
La respuesta tecnológica es concreta. La Casa Blanca anuncia un sistema de «control fronterizo» con inteligencia artificial. Escaneará historiales de rutas. Verificará capacidad de producción y relaciones de propiedad. Analizará patrones de embalaje e imágenes de rayos X en puertos para detectar discrepancias entre lo declarado y el contenido real de los contenedores.
El propio informe reconoce la complejidad del problema. Distinguir fabricación legítima de simple cambio de etiqueta de origen no es trivial. Durante décadas, las autoridades comerciales estadounidenses concentraron sus recursos en los casos más rentables. Esos procesos tardan años. Mientras tanto, los productos ilícitos entraban al mercado a precios por debajo del mercado justo.
La estrategia China +1 —trasladar producción a Vietnam, Camboya u otros países— fue en parte respuesta legítima a los aranceles del primer mandato Trump. Pero el informe advierte que muchas de esas fábricas son de propiedad china. El origen cambia de papel. La cadena de mando, no.
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El relato del libre comercio sin reglas tiene un costo real: lo pagan los productores que sí cumplen. Cada contenedor que entra con etiqueta falsa es competencia desleal contra la industria que opera dentro de la ley. La IA no es un capricho tecnológico; es la única herramienta capaz de procesar el volumen de datos que los inspectores humanos nunca alcanzarán.
Lo que está en juego es simple: si las reglas no se aplican, no existen. Y un sistema arancelario que se elude sin consecuencias no protege a nadie. Que no te lo cuenten.



