Donald Trump firmó un nuevo Memorándum de Seguridad Nacional. El objetivo es claro: reconstruir la base industrial naval de Estados Unidos y contrarrestar la capacidad marítima de China.
La estrategia tiene nombre propio: el «Modelo Finlandia». Funciona así. Un astillero extranjero puede construir hasta dos buques en sus propias instalaciones. Pero solo si cumple condiciones estrictas. Debe invertir en un astillero estadounidense o tomar el control de uno. Debe contratar y capacitar a trabajadores americanos. Debe licenciar su tecnología a la operación local. Y debe desarrollar una cadena de suministro en suelo norteamericano. Cada barco posterior se construye en Estados Unidos. Sin excepciones.
El modelo no es nuevo del todo. Ya se aplica en los rompehielos árticos de la Guardia Costera, construidos en Finlandia. La razón es sencilla: las empresas finlandesas han diseñado alrededor del 80% de los rompehielos del mundo y han construido cerca del 60% de ellos, según recoge la fuente. Trump ahora extiende ese esquema a tres clases de buques: combatientes de superficie con capacidad antisubmarina y de escolta de convoyes, buques cisterna de reabastecimiento en mar y naves de carga rodada.
La urgencia tiene contexto. En julio, la Guardia Costera monitoreó dos rompehielos chinos —el Xue Long y el Xue Long 2— navegando por la zona económica exclusiva de Estados Unidos. Este mes, un operador chino inauguró el primer servicio regular de carga a Europa por la Ruta del Mar del Norte ártico. Rusia ya movió cerca de 6 millones de barriles de crudo hacia Asia por esa ruta solo en lo que va de temporada. El Ártico ya no es un dato geográfico. Es un teatro estratégico.
La directiva también ordena al Secretario de Guerra Pete Hegseth, junto al Secretario de Marina en funciones Hung Cao, presentar en 120 días un plan para mejorar la disponibilidad operativa de submarinos nucleares y portaaviones. El plan contempla crear un quinto astillero naval gubernamental con capacidad de dique seco suficiente para el mantenimiento de la flota de submarinos. Las ubicaciones evaluadas incluyen la costa del Pacífico, Alaska, Hawái y territorios estadounidenses.
Hay otro cambio significativo. En 60 días, la administración debe presentar un plan para reemplazar el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves —EMALS— y los elevadores de armas avanzados del futuro portaaviones USS Doris Miller (CVN-81) por sistemas de vapor e hidráulicos. Sería un giro técnico relevante respecto al diseño de la clase Ford.
La lectura de Contrafuego. Décadas de burocracia y complacencia vaciaron los astilleros americanos. China construyó mientras Washington redactaba informes. El «Modelo Finlandia» no es un capricho: es pragmatismo industrial con dientes. Exige reciprocidad real a los aliados. Pone los empleos, la tecnología y la capacidad de producción de vuelta en manos americanas. Eso no es una «fijación presidencial», como lo llamó cierta prensa. Es exactamente lo que un gobierno responsable debería haber hecho hace veinte años.



