El presidente Donald Trump anunció en Truth Social su intención de importar 300.000 toneladas métricas de carne molida extranjera y venderla un 25% por debajo del precio de mercado durante un período de 90 días. El objetivo declarado: aliviar el golpe que los precios de la carne están dando al bolsillo de los estadounidenses.
El problema es que la medida no convence ni a sus propios aliados. El senador Cotton, de Arkansas, uno de los aliados más cercanos de Trump en el Senado y candidato a la reelección este ciclo, fue directo: «Los precios de la carne son altos por una razón simple: nuestro hato ganadero es demasiado pequeño». Cotton advirtió que «la carne importada por debajo del precio de mercado solo pondrá más presión sobre nuestros ganaderos» y pidió públicamente al presidente que reconsidere la decisión.
Los datos respaldan parte del diagnóstico de Cotton. Según cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), el hato ganadero del país alcanzó a principios de este año sus niveles más bajos desde la década de 1950. La carne molida cotiza alrededor de 7 dólares por libra. Esa es la realidad que Trump quiere atacar, aunque ni él ni su administración han revelado todavía de qué países provendría la carne importada.
Trump defendió el plan mientras viajaba a Carolina del Sur para apoyar a la senadora Graham: «Eso es lo que la gente quiere. Los ganaderos son grandes, son mi gente, los quiero, han hecho un trabajo fantástico, pero admiten que necesitamos un poco de ayuda para bajar los precios».
La representante Ashley Hinson, republicana de Iowa que aspira al Senado, también se ha manifestado en contra de los aranceles a la importación de carne, detallando su oposición en medios nacionales.
El choque es revelador. Trump lleva meses usando los aranceles como palanca para proteger la producción nacional; ahora usa la importación masiva para bajar precios al consumidor. Las dos lógicas colisionan en el mismo partido, en plena temporada electoral.
Desde Contrafuego lo leemos así: el libre mercado tiene razón en ambos extremos del debate, y eso es precisamente el problema cuando el Estado decide jugar a ser el gerente de la cadena alimentaria. Si el hato es pequeño, es en parte porque décadas de regulación, sequías y costos de insumos han expulsado a productores medianos del negocio. Inundar el mercado con carne importada puede aliviar el precio esta semana y destruir más ganaderos la siguiente. Cotton no está equivocado: dejar que el mercado trabaje, reducir la carga regulatoria sobre los rancheros y crecer el hato es la solución estructural. El parche de 90 días es política de titulares, no política agropecuaria. Que no te lo cuenten.



