Donald Trump no necesita encuestadores para leer el tablero demócrata. En una entrevista con Fox News durante su visita a Long Island, el presidente predijo que la representante Alexandria Ocasio-Cortez buscará la presidencia. «Creo que sí», respondió cuando la corresponsal Alexis McAdams le preguntó directamente.
El detonante de la pregunta fue doble: Ocasio-Cortez publicó videos en los que revela que está congelando sus óvulos —lo que disparó especulaciones sobre sus ambiciones— y el domingo declaró que «el woke 1.0 estaba loco», un giro que busca distanciarla de posiciones que ya le costaron caro a otros candidatos de la izquierda demócrata.
Trump no le concedió el beneficio de la duda. Para él, el mea culpa progresista es teatro, no conversión. «Si lo miras bien, todos están diciendo lo mismo. Todos intentan desvincularse de lo que dijeron sobre el crimen, de 'amamos las ciudades santuario'. Todo lo que dijeron, ahora intentan desavocar», señaló.
Esa es la trampa que el presidente le augura a Ocasio-Cortez: su historial de apoyo a las ciudades santuario la perseguirá en cualquier campaña nacional. «Creo que vas a ver cómo las ciudades santuario empiezan a terminar, porque son un desastre. Y alguien como ella fue una gran defensora de las ciudades santuario», dijo Trump.
En la misma entrevista, el presidente también apuntó contra Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Míchigan, por unos escritos de 2021 en los que comparó el fútbol americano con «la masculinidad tóxica», el colonialismo y la esclavitud. Trump fue sarcástico: «Es un gran lugar para decir eso, Míchigan, con sus grandes equipos de fútbol que la gente ama. Diría que es un gran error». El-Sayed estudió en la Universidad de Míchigan, que ostenta el récord de la NCAA de más victorias en la historia del fútbol universitario.
El relato se cayó solo. La izquierda pasó años construyendo un catecismo ideológico —ciudades santuario, retórica anticriminal, activismo identitario— y ahora sus propios candidatos salen a pedir perdón por él antes de que empiece la campaña. Eso no es evolución política; es pánico electoral disfrazado de madurez.
Para los lectores de libre mercado y orden institucional, la lección es más amplia: cuando el aparato progresista choca con la realidad —crimen, fronteras abiertas, economía— no cambia de ideas, cambia de discurso. Trump lo sabe. Y, al parecer, también lo saben los votantes de Míchigan que aman el fútbol americano.


