Donald Trump anunció este lunes que impondrá aranceles del 50% sobre todos los automóviles, camiones, piezas de automoción y acero provenientes de Canadá a partir del 1 de enero de 2027.
El mandatario lo comunicó directamente en su red Truth Social: «Canadá lleva años estafando a los Estados Unidos. El 1 de enero de 2027, los aranceles sobre todos los automóviles, camiones (tanto grandes como pequeños), piezas de automoción y acero aumentarán al 50%. Si se fabrican en EE UU, no habrá aranceles».
La medida duplica las tasas actuales. Hoy, EE UU cobra un 25% sobre algunos vehículos que no se ajustan a los términos del T-MEC. Con el nuevo anuncio, ese porcentaje se extiende a todos los autos canadienses sin excepción.
Trump también acusó a Ottawa de haber impuesto aranceles que «han hecho imposible la vida» a los agricultores estadounidenses y de haber «generado durante mucho tiempo un déficit de 60.000 millones de dólares» entre ambas naciones. «¡Canadá dejará de ser tratada como si fuera un estado más! En materia comercial, y en otros aspectos también, se encuentran entre las peores naciones del mundo con las que negociar», insistió.
El argumento de fondo es de poder asimétrico: «¡Nosotros no necesitamos a Canadá; ellos nos necesitan a nosotros! Ellos realizan el 95% de sus negocios con EE UU, ¡mientras que para nosotros es exactamente al revés!», concluyó el presidente.
El anuncio llega en medio de una crisis sostenida entre dos aliados históricos, según reseñó la agencia EFE.
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La lógica de Trump es la del negociador que conoce su posición en la mesa: si el 95% del comercio canadiense depende de EE UU, la asimetría no es retórica, es aritmética. El mensaje a la industria automotriz es igualmente nítido — fabrica aquí o paga el precio — y eso es exactamente lo que una política de reindustrialización exige.
Lo que está en juego no es solo acero o automóviles. Es el principio de que los tratados comerciales deben ser recíprocos de verdad, no acuerdos donde un socio protege sus mercados mientras el otro los abre. Si Ottawa quiere evitar el golpe de enero de 2027, tiene dieciséis meses para sentarse a negociar en serio. El reloj corre.



