Donald Trump no desaprovechó las imágenes de Ceuta. Este viernes, en un mitin en el condado de Nassau, Nueva York, el presidente republicano usó la crisis migratoria en la ciudad española como espejo para recordarle al país lo que ocurrió bajo la administración Biden.
«Lo vieron el otro día en España, ¿verdad? Ahora imaginen: dejaron entrar a 65 mil personas. Recuerden: 25 millones de personas, nosotros estábamos peor. Fue así cada día en nuestro país, durante meses y meses», declaró Trump ante su audiencia.
El presidente atribuyó esa entrada masiva a una política de «frontera abierta» que, según él, permitió el ingreso de «muchos criminales». Señaló directamente a Kamala Harris, entonces zar de la frontera, como responsable del desastre. Y fue claro sobre las facultades que ahora ejerce su gobierno: sacar del país a quienes están ilegalmente.
El acto no fue solo un discurso migratorio. Trump visitó la Academia de Policía del condado de Nassau y centró buena parte de su mensaje en la reducción del crimen bajo su liderazgo, con énfasis especial en Long Island, zona que durante años sufrió la violencia de pandillas como la MS-13.
Aproveché también para respaldar a Bruce Blakeman, ejecutivo republicano del condado que se postula a gobernador de Nueva York, presentándolo como defensor de la ley y el orden frente a la demócrata Kathy Hochul. Trump criticó a la gobernadora por su apoyo a la medida «no cash bail», que permite a detenidos por delitos menores salir en libertad antes del juicio.
La comparación con Ceuta es políticamente eficaz porque es visual e inmediata. Pero el argumento de fondo es más antiguo y más sólido: cuando el Estado abdica del control de sus fronteras, no es la burocracia quien paga el precio, son los ciudadanos. Long Island lo vivió con pandillas. Las ciudades santuario lo viven con cifras de criminalidad que los medios progresistas prefieren no titular.
Trump lleva meses construyendo un contraste simple: orden versus caos, ley versus «no cash bail», mérito versus impunidad. Nassau es el escenario perfecto para ese mensaje. Y Ceuta, aunque esté al otro lado del Atlántico, acaba de darle el material audiovisual que ningún consultor de campaña podría haber fabricado.



