Nadie lo vio venir. El presidente Donald Trump apareció por sorpresa en el programa de radio de su exabogado Michael Cohen —su enemigo más encarnizado durante años— y los dos se dedicaron a desmontar, durante la primera parte de una entrevista en dos capítulos, el relato que los grandes medios construyeron sobre ambos.
Cohen abrió el fuego recordando su famosa aparición en CNN con la presentadora Brianna Keilar en 2016, cuando ella le dijo que Trump estaba «bajo el agua» en las encuestas. «¿Recuerda, señor, cuando fui a CNN con Brianna Keilar y ella me dijo que usted estaba bajo en las encuestas, y yo respondí con esas famosas dos palabras, says who, que se convirtieron en un meme mundial?», le preguntó Cohen al presidente.
La respuesta de Trump fue directa: «Y entonces te weaponizaron como a pocos». Luego amplió: «El mío fue a un nivel que nadie ha visto antes, pero te weaponizaron a ti. Weaponizaron a mucha gente. Y respeto el hecho de que hayas retractado todo lo que dijiste. Eso es algo grande que hiciste».
Cohen, por su parte, subrayó que CNN jamás pidió disculpas ni rectificó nada, y que años después los mismos medios «siguen haciendo exactamente lo mismo, hablando constantemente de que usted está bajo en favorabilidad». Trump apuntó directamente al New York Times al criticar las encuestas: «Las encuestas son fraudulentas».
La entrevista es la primera vez que Trump y Cohen hablan públicamente juntos en casi una década, según recoge Fox News. El encuentro marca el cierre de un ciclo que incluyó la condena de Cohen, su conversión en testigo estrella de los adversarios políticos de Trump y años de declaraciones incendiarias contra su exjefe.
Que no te lo cuenten. Lo que esta reunión deja en evidencia no es solo una reconciliación personal: es el colapso del relato que la prensa progresista construyó con Cohen como pieza central. Durante años, CNN, MSNBC y el New York Times presentaron a este hombre como la prueba definitiva de la corrupción de Trump. Hoy ese mismo hombre está sentado al micrófono diciéndole al presidente que los medios «nunca se retractaron de nada».
El aparato mediático apostó todo a un testigo, lo convirtió en arma y ahora ese testigo desmonta la narrativa en directo. La doble vara es perfecta: cuando Cohen atacaba a Trump, era una fuente impecable; cuando lo defiende, el silencio de las redacciones es ensordecedor. El relato se cayó solo.



