El Valle de la Muerte cobró otra vida esta semana. Pierre Michel Formosa, turista francés de 68 años, murió el lunes 17 de agosto en el Parque Nacional Death Valley, en California, después de que su vehículo quedara atascado en el barro en un camino remoto mientras viajaba con un acompañante, también de Francia.
Según informó el Servicio de Parques Nacionales en un comunicado, la zona no tenía tráfico de otros vehículos, por lo que ambos decidieron caminar por las salinas en busca de ayuda. Las temperaturas alcanzaban los 116 grados Fahrenheit.
Formosa no pudo continuar tras recorrer poco más de una milla. Su compañero siguió adelante, encontró a un automovilista que pasaba por el lugar y reportó el incidente en uno de los centros de visitantes del parque, poco después de las 2 de la tarde.
Rángers del Servicio de Parques Nacionales, junto con equipos de rescate locales y estatales, iniciaron una operación de búsqueda y rescate. Localizaron a Formosa, pero ya era demasiado tarde. El médico forense del condado de Inyo determinará la causa y la manera de la muerte, según el comunicado oficial.
«Nuestras más sinceras condolencias a la familia y amigos del visitante que falleció», declaró Mike Reynolds, superintendente del Parque Nacional Death Valley. «Esto es un recordatorio desgarrador de lo rápido que las condiciones aquí pueden volverse peligrosas. El Valle de la Muerte es un lugar extraordinario, pero su calor, sus distancias y su aislamiento pueden ser mortales, independientemente de la experiencia».
Reynolds también agradeció a todos los que participaron en el operativo de búsqueda.
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El caso de Formosa ilustra una verdad que el aparato burocrático del turismo institucional suele minimizar: la naturaleza no negocia con los folletos. El Valle de la Muerte es uno de los lugares más hostiles del planeta, y ninguna señalización ni campaña de concientización reemplaza el juicio individual y la preparación real antes de adentrarse en él.
Que no te lo cuenten. La pregunta que queda sobre la mesa no es cuántos rangers se desplegaron después, sino qué información concreta recibieron estos viajeros antes de tomar ese camino remoto con el calor que marcaban los termómetros. La responsabilidad personal y la información honesta sobre los riesgos valen más que cualquier operativo de rescate.



